Uno de los temas más peliagudos a los que puede enfrentarse un granaíno de pura cepa es a que le pidan que defina exactamente qué es eso de la malafollá.

La malafollá genérica es un modo desagradable de interactuar con otras personas, ser y/o actuar como un malasombra, responder con mala educación, descortesía y mostrando innecesariamente antipatía. En Granada también existe esa acepción; ser un malafollá es un calificativo despectivo que señala al que lo recibe y nos indica que es una eprsona con la que es mejor no mantener muchas relaciones de ningún tipo porque al final siempre acabará impregnándolo todo con su antipatía.

Otra cosa es la malafollá granaína.

Si hubiese que buscar una sola palabra equivalente sería seguramente “sarcasmo”. La malafollá granaína es una manera de interactuar típicamente granaína en la que, sin arreglar nada, se busca una solución a las situaciones cotidianas, introduciendo un punto de humorístico desdén hacia quien las provoca.

Imaginemos un bar de barrio cuya especialidad es la cerveza de barril y las tapas de croquetas caseras y boquerones fritos, bar granaíno por excelencia. En las sillas de fuera se ha sentado un grupito de cuatro hipsters que charlan mientras consultan sus teléfonos y se consultan los unos a los otros cómo hacer check-in en ese sitio si no aparece por ningún sitio (¡Qué fastidio, tener que agregar un sitio nuevo!). Con cuatro vasos en una mano y un par de platillos de las tapas en la otra, el camarero se planta junto a su mesa y pregunta “¿Qué les pongo?” y uno que ya ha acabado de tuitear sobre lo sucia que están dejando la calle con tantas obras, le pregunta “¿tTenéis algún Ribeira Sacra de este año?”. El camarero tiene muchas opciones para contestar a este pedorro pero opta por sacar su malafollá granaína y responde “Se nos ha acabado hace un rato. Le puedo poner un Rioja o cerveza granadina.”.

Eso es la malafollá granaína. Dejarte sin respuesta a base de sarcasmo y con un fino sentido del humor.

Esta mañana (por eso este post) he presenciado otro vivo ejemplo que me ha hecho sonreir. El dueño de un bar que se ha salido a fumar a la puerta, ve venir al barrendero que tiene asignada la zona y que a veces entra a tomar café al bar y le suelta “¡Cushi mi amigo liniero!”

Barrendero de Granada

¿Y qué ha querido decir?

“Cushi”, como sabe todo el mundo que le haya dado una vuelta al Diccionario granaíno, sabe que es una interjección que indica sorpresa y que pide atención sobre algo o alguien. Viene de “escucha”, el imperativo de escuchar.

Lo de liniero sí que tiene miga. No todo el mundo sabe que la empresa concesionaria del servicio de limpieza viaria de Granada es INAGRA, siglas que responden a “Ingeniería Ambiental Granadina”, de modo que el tio del bar acaba de llamar ingeniero a su amigo barrendero. Ahí, con un par.

Eso es malafollá granaína en su estado más puro. Es la misma que hace que llamemos “Redonda” a la calle recta más larga de Andalucía y sí, siempre que no se confunda con la mala educación, la mala sombra o la malafollá a secas, es divertida.

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