GRANADA, 8 (EUROPA PRESS)
La orden capuchina espera este miércoles la visita de unas 20.000 personas a la cripta de Fray Leopoldo cuando se cumplen 55 años de su muerte, el primer aniversario que se celebra tras la beatificación del fraile limosnero. En esta ocasión, está prevista la llegada de devotos de prácticamente todas las provincias andaluzas y de otros puntos de la geografía nacional, como Valencia.
Así lo ha señalado a Europa Press el ministro provincial de los capuchinos andaluces, Fray Rafael Pozo, que considera que el hecho de que sea el arzobispo emérito de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo Vallejo, el que vaya a oficiar la misa en memoria del ya beato es además en esta ocasión un valor añadido que está «atrayendo» a mucha gente. La eucaristía tendrá lugar en la parroquia de la Inmaculada, del convento de los Capuchinos, a las 12,00 horas.
El año pasado, según Pozo, se acercaron a la cripta del fraile unas 18.000 personas, una cifra que en este 2011 se espera superar con creces. «Desde septiembre, desde que fue beatificado, las visitas se han triplicado, por lo que en estos días de fiesta, en los que además habrá buen tiempo, esperamos una gran afluencia de gente, no sólo de otras provincias, especialmente también de Granada y los pueblos cercanos», ha señalado el padre Pozo.
Todos aquellos devotos que quieran además contribuir con un donativo a la construcción de la residencia para personas dependientes y ancianos que está promoviendo la orden capuchina en el Serrallo podrán hacerlo en estos días, depositando lo que estimen oportuno en una urna. Según Fray Rafael Pozo, el primer impulso al proyecto lo dio el Ayuntamiento de Granada, que les cedió los terrenos, de 8.000 metros cuadrados. Posteriormente, la orden ha obtenido una subvención de dos millones de euros del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, y ha logrado que el Banco Santander les conceda un préstamo personal de 3,5 millones más para que las obras no sufran retrasos.
Fray Leopoldo fue beatificado el pasado 12 de septiembre en un acto que tuvo lugar en la Base Aérea de Armilla (Granada) al que asistieron más de 60.000 personas. Culminaba así un proceso iniciado hacía 64 años, y que tuvo como consecuencia primera que la Iglesia instituyera el 9 de febrero, fecha de su muerte, como el día del beato Fray Leopoldo.
Al altar habilitado para la ceremonia acudieron unos 150 religiosos, entre ellos el arzobispo titular de Sila y prefecto de la Congregación para la Causas de los Santos, Angelo Amato, el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, el vicepostulador de la Causa, fray Alfonso Ramírez, el cardenal arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, y el cardenal arzobispo de Toledo y prefecto de la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, monseñor Antonio Cañizares, el arzobispo castrense Juan del Río, y el arzobispo guatemalteco, de Santa Rosa de Lima, Bernabé Sagastune, entre otros.
Nacido en el pueblo de la Serranía de Ronda de Alpandeire (Málaga) el 24 de junio de 1864, Francisco Tomás, Fray Leopoldo, se dedicó en su niñez a cuidar un pequeño rebaño de ovejas y cabras y a arar la tierra, y años más tarde, el 16 de noviembre de 1899, tomó el hábito de los capuchinos en Sevilla, donde continúo trabajando en el huerto de los frailes.
En el otoño de 1903 se trasladó a Granada y desde un principio desempeñó el oficio de hortelano, con estancias alternativas en los conventos de esta ciudad, Sevilla y Antequera. En 1914 regresó para quedarse definitivamente a Granada. De limosnero, recorrió los pueblos de Andalucía Oriental y en ocasiones llegó a ser insultado y apedreado, aunque su devoción, especialmente por la Virgen, no cesaba. De hecho, cuando alguien le pedía un favor, siempre instaba al peticionario a rezar tres Ave Marías.
Tres años antes de su muerte cayó rodando por unas escaleras y sufrió fractura de fémur, y, tras una convalecencia hospitalaria, consiguió volver a caminar con ayuda de dos bastones y continuar con su vida contemplativa, pero ya en el convento. Fray Leopoldo falleció en la mañana del 9 de febrero de 1956, y multitud de fieles acudieron al convento a darle su último adiós. Desde entonces, cada año miles de devotos visitan la cripta en la que descansan sus restos, junto a los Jardines del Triunfo, en Granada capital.

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