El procesado, con inteligencia «borderline», contó al psiquiatra que atacó a la joven cuando se negó a mantener relaciones sexuales con él
GRANADA, 21 (EUROPA PRESS)
La Fiscalía de Granada ha mantenido hoy su petición inicial de 12 años de prisión para Manuel R.S., acusado del apuñalamiento mortal de la joven estudiante de Farmacia Lamyae Denna, que falleció en su domicilio, desangrada tras haber recibido más de 20 puñaladas de su agresor.
El Ministerio Público le acusa de un delito de homicidio, y no de asesinato con ensañamiento y abuso de confianza que estima la acusación particular, que también ha sostenido su solicitud de 20 años de prisión, con indemnización a los familiares de la víctima de 300.000 euros. La defensa, por su parte, insistió en que «Manolito», como era conocido en su entorno, estaba afectado en el momento de los hechos por el consumo de alcohol, por lo que ha pedido su libre absolución.
En la sesión del juicio de hoy declararon tres forenses: la experta que inspeccionó el cuerpo de la víctima en el lugar del crimen, en el mismo día de los hechos, el 4 de marzo de 2008, el médico que le practicó la autopsia, y el psiquiatra que evaluó el estado mental de Manuel R.S.
La primera explicó al jurado, que enjuicia los hechos en la Sección Primera de la Audiencia Provincia, que Lamyae fue encontrada en el suelo de su dormitorio encima de una jarapa y vestida con pijama. A primera vista, la médico pudo observar 10 puñaladas, y le llamaron la atención los cortes que la víctima presentaba en el ojo y la nariz. Según su experiencia, el número de puñaladas asestadas, más de una veintena, y el aspecto del cuerpo sin vida de la joven le dieron la «impresión» de que se empleó «gran brutalidad».
El forense que le practicó la autopsia explicó que la estudiante murió a consecuencia de las heridas que la desangraron, concretamente cuatro: tres que lesionaron su corazón y una que le afectó a la vena cava. Recibió diez puñaladas en el tórax, cinco en el cuello, tres en la cara, dos en la mano izquierda, y tres más en la espalda.
La de más profundidad tenía entre 22 y 25 centímetros, por lo que se presume que el arma empleada pudo tener esa hoja de filo. Según el médico, la víctima se defendió y probablemente recibió las heridas mortales al final de la agresión y en un plano inferior al atacante, por ejemplo en el suelo. A juicio del experto, las 20 puñaladas que recibió Lamyae no se dieron «de forma automática» en un momento de «ira», puesto que esa «ceguera» implicaría que todas se hubieran infligido en la misma zona.
CON INTELIGENCIA LÍMITE CON UN RETRASO
Asimismo, el psiquiatra que evaluó el estado mental del acusado señaló que éste presenta una inteligencia «borderline», límite con el retraso mental leve, probablemente consecuencia de su desestructuración familiar, puesto que es huérfano y permaneció en un internado durante 12 años, pero que no le afecta a su comprensión sobre el alcance y la maldad de sus hechos.
De hecho, es consciente de lo sucedido y, aunque no dio justificación, sí que relató al médico que atacó a la estudiante cuando ésta se negó a mantener relaciones sexuales con él. No presenta, según su análisis, ninguna patología ni tampoco su consumo habitual de alcohol se puede considerar dependencia.
En la jornada de hoy también comparecieron los peritos de la Policía Científica que cotejaron el ADN del inculpado con el de la fallecida. Según las pruebas practicadas, las colillas que se encontraron en un cenicero en el domicilio de la joven correspondían con el perfil genético del acusado; y la sangre que se encontró en la ropa deportiva que llevaba puesta el día de los hechos es compatible con la de la estudiante marroquí.
En la exposición de su informe, el Ministerio Fiscal consideró que es un «hecho claro» que Manuel R.S. acabó con la vida de Lamyae Denna, si bien defendió que lo que éste cometió fue un homicidio y no un asesinato. A entender del fiscal, el acusado no se ensañó con su víctima, a pesar del número de embestidas, puesto que no quiso aumentar deliberadamente su dolor. Le dio las puñaladas que él consideró «necesarias», y sin saber cuántas asestaba, para matarla y para evitar que huyera y con el «primer cuchillo que se encontró».
Además, tampoco abusó de la confianza de Lamyae para apuñalarla mortalmente, puesto que llegó a su casa sin ánimo de matarla. Sólo después de mantener una discusión con ella, fuera por motivos sexuales o por otros, decidió buscar el arma para matarla. De hecho, está arrepentido y ha dicho que «la apreciaba». Por otro lado, según expuso el Ministerio Público, el inculpado sí era consciente de lo que hacía y la ingesta de alcohol previa a los hechos «no afectó en su comportamiento».
«QUISO DESTROZARLA»
La acusación particular disintió de la valoración de la Fiscalía en cuanto al ensañamiento y el abuso de confianza. A juicio del letrado, que representa a la familia de Lamyae, el procesado se ensañó en primer lugar porque buscó un cuchillo de grandes dimensiones –de hasta 25 centímetros de hoja– para apuñalarla incluso en el suelo, ya desfallecida.
De hecho, recordó que el acusado dijo ayer que la «remató» cuando ésta ya se había desvanecido. El número de puñaladas y el hecho de que estuvieran localizadas en varias zonas del cuerpo de la víctima sí son muestras, consideró el abogado, de que «quiso destrozarla». Además, para ello se valió de la relación de amistad que mantenía con Lamyae para entrar en el domicilio y para buscar rápidamente el arma.
La defensa insistió sin embargo en que Manuel R.S. tiene un trastorno derivado de su consumo habitual de alcohol, a lo que se suma su inteligencia, límite con un retraso. En ese sentido, la abogada consideró que en este caso se dan las circunstancias necesarias para eximir de responsabilidad al inculpado, esto es, la intoxicación etílica, su no intencionalidad, y que no previó el resultado.
El juicio ha concluido sin que Manuel R.S. haya querido añadir nada más, y el jurado ha sido citado mañana para recibir el objeto del veredicto. Así, será entonces cuando los miembros del tribunal popular se reúnan para deliberar y emitir un veredicto de culpabilidad o no culpabilidad, que podría producirse mañana por la tarde o incluso el viernes.

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