La Fiscalía mantiene su petición de nueve años y nueve meses para el acusado por tentativa de homicidio y quebrantamiento de condena
GRANADA, 9 (EUROPA PRESS)
El hombre acusado de intentar matar en el cortijo «Las Mozas», en Loja (Granada), a su esposa, a la que tenía prohibido acercarse por orden judicial, negó hoy haberla agredido en la madrugada del 5 de julio de 2008 y alegó que ésta sólo se cayó al suelo porque llegó bebida a la vivienda. «Yo soy inocente. Lo que pasó fue un accidente, porque yo la he querido mucho», dijo hoy en su comparecencia en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Granada, que acogió hoy el juicio por estos hechos, que ha quedado visto para sentencia.
El procesado, Alejandro G.M., señaló que ante el tribunal, cuando se dictó la orden, en mayo de ese año, se marchó a vivir a Madrid, si bien volvió al cortijo granadino a trabajar porque el propietario de la finca pretendía echar a su mujer, Ricarda, si no reanudaba sus labores agrícolas.
La noche en la que supuestamente se produjo la agresión, la mujer llegó muy tarde de trabajar, según indicó el inculpado, y con síntomas evidentes de embriaguez. «Venía tambaleándose y dándose golpes con las cosas en la cabeza», mantuvo Alejandro, quien incidió en que comenzó a discutir con su esposa porque en el bar en el que trabajaba la tenían sin contrato, aunque dejó de hacerlo «por su estado». Cuando la acompañó hasta el dormitorio, ésta se cayó al suelo, si bien el marido no consideró que fuera necesario llevarla al hospital.
Al día siguiente, según dijo, la llevó a trabajar al bar porque ella se lo pidió, y fue allí donde, según sostiene el procesado, la convencieron para denunciar una agresión porque sus propietarios le tenían animadversión, por sus exigencias de que la contrataran.
«Mi mujer se dejaba influenciar por todo el mundo», apuntó el acusado, quien afirmó además que de todas formas tenía pensado marcharse porque la situación con su esposa era «insostenible», razón por la cual él tenía todo preparado en el coche para irse del cortijo.
Testimonio opuesto ofreció la que todavía hoy es su esposa, que prefirió testificar con una pantalla que le separara de su presunto agresor, y que, durante su declaración, tuvo dificultades para hablar y temblaba constantemente. Según explicó, el marido volvió al cortijo procedente de Madrid con la promesa de que «se iba a enmendar» y que no le iba a poner más «mano encima», propósito que ella aceptó para reanudar la convivencia.
Sin embargo, la buena relación duró «muy poquito» y pronto volvieron las palizas, según señaló la mujer. La noche del 5 de julio ella llegó «muy cansada» a la vivienda que ambos compartían en el cortijo y fue a acostarse dejando al marido viendo la televisión. Al día siguiente ella se levantó con varios hematomas y la cara hinchada, lo que atribuyó a una nueva agresión de su esposo, de la que no se percató porque probablemente perdió el conocimiento mientras dormía, según dijo.
«ME HABÍA PEGADO VARIAS VECES, PERO AQUEL GOLPE FUE EL MÁS FUERTE»
«¿Qué has hecho conmigo?», le preguntó esa mañana, a lo que su esposo le respondió que «si no quería ir a trabajar que no fuera». A pesar de las lesiones que presentaba ella sí quiso ir ese día al bar, desde donde finalmente la trasladaron a un centro médico, donde perdió el conocimiento. La mujer dijo hoy a la Sala que nunca volvería con su marido, que lo era desde agosto de 2006, aunque éste le prometiera cambiar, y negó haberse caído aquella noche y haber bebido. «Me había pegado varias veces, pero aquel día me dio el golpe más fuerte», manifestó.
De hecho, según explicó el matrimonio propietario del establecimiento en el que trabajaba, aquel día, en el que apareció con un ojo morado e inflamación de una parte de la cara, no era el primero en el que llegaba con hematomas o señales de haber sido maltratada. Siempre intentaba justificar las lesiones y solía decir que «las mujeres de hoy aguantan muy poquito», pero el 5 de julio, los dueños del local decidieron llevarla a un centro sanitario, después de que la mujer confesara efectivamente haber sido agredida por su marido.
Los médicos que la exploraron entonces, que la habían atendido por otras agresiones anteriores de su esposo, aseguraron hoy que las heridas que presentaba la víctima se debieron a un «golpe contundente» probablemente con un objeto y consideraron que hubiera sido «muy difícil» que fueran consecuencia de una caída. Asimismo, señalaron que «indudablemente» la vida de Ricarda habría corrido peligro de no haber sido atendida.
En la exposición de su informe, el fiscal, que mantuvo su petición de nueve años y nueve meses de prisión para el procesado, consideró que Ricarda encarna el «caso prototipo» de mujer maltratada, que «se ve sometida por puro pánico» a su agresor, con tendencia a «minimizar» las agresiones, baja autoestima, con anulación de su propia voluntad. El 5 de julio se produjo, según sostuvo el Ministerio Público, una «agresión anunciada», puesto que existieron todos los factores que determinaban que podría producirse.
Por su parte, la defensa, que pidió la libre absolución, incidió en que no existe prueba alguna de que existiera violencia y que no se podría descartar que sus lesiones fueran producidas por una caída. Además, la abogada de Alejandro G.M. insistió en que Ricarda «no tenía miedo» de su marido, puesto que fue ella quien decidió a volver a convivir con él.

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