GRANADA, 22 (EUROPA PRESS)
El Centro José Guerrero acoge desde hoy y hasta el próximo 6 de septiembre una exposición con 18 pinturas de la última etapa del artista granadino, que estuvo marcada por la experimentación pero también por el estilo más puro.
La exposición, compuesta por 15 óleos sobre lienzos de gran formato y tres obras sobre papel, arranca con el José Guerrero de los setenta, un periodo caracterizado por la ejecución de una pintura más construida, más arquitectónica, fruto de la cual nacería la que vendría a ser su serie más conocida en España, las «Fosforescencias».
Son años en los que el «color explota en cada una de sus creaciones», tal y como indicó hoy a través de un comunicado la diputada de Cultura, María Asunción Pérez Cotarelo.
Esta mirada retrospectiva a las últimas dos décadas de vida del artista divide la exposición en cuatro –planta baja, primera, segunda y tercera–, haciendo coincidir las obras con distintos aspectos de su producción. Así, es posible ver, por ejemplo, cómo durante los años de su enfermedad José Guerrero regresó en cierto modo al espíritu algo simbolista de su primer lenguaje abstracto.
De este modo, la planta baja del centro rescata de la colección permanente José Guerrero de la Diputación obras como «Crecientes Horizontales», «Señales Amarillas» o «Lateral Negro», todas éstas de inicios de los setenta y en las que se aprecia la idea de campo cromático y la ausencia de testurización, así como la plenitud en la aplicación de la pintura.
Los mediados de la década de los setenta se resumen en la primera planta, donde obras como «Enlace», «Expansión Azul» o «Saliente» exhiben al Guerrero que recupera de nuevo la pintura pura y comienza a ensayar un repertorio formal propio, unidades mínimas de expresión y una sintaxis. Su actividad apunta en este momento a una nueva dirección en la que elabora una obra coherente con una poética muy definida.
Entre 1985 y 1991 — murió en ese año– transcurren para Guerrero unos años apoteósicos. Así lo refleja la segunda planta del centro de arte contemporáneo. A salvo de polémicas y contingencias, el granadino pintó los cuadros más grandes de su vida, demostrando poseer mayor energía y vitalidad que nunca, pese a que fue por aquel entonces cuando se le detectó un cáncer.
En la segunda planta se encuentran cuadros como «Azul Vibrante» o «Canciones del Color», que son de gran formato panorámico y despliegan una peculiar visión del paisaje como espectáculo cromático.
Por último, la tercera planta resume su etapa final, en la que Guerrero se caracteriza por una peculiar síntesis del legado abstracto. La pintura se hace concisa y muy directa en lo que respecta a las emociones. Títulos sencillos acompañan a cuadros como «Azul Añil» u «Oferta con Rojo», en los que el color es el vehículo primordial.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí