Ya empiezan a verse las primeras montañas de basura por las calles de Granada a consecuencia de la huelga de recogida de los trabajadores de Inagra.

Todavía es algo casi anecdótico y apenas son un par de docenas de bolsas amontonadas junto a los contenedores. Los trabajadores saben que para que su protesta tenga efecto deben dejar pasar al menos diez días hasta que la cantidad de basura impresione a la vista y, sobre todo, hasta que la basura que estos primeros días de huelga han ido dejando los ciudadanos se empiece a podrir y además del característico olor de la basura en descomposición lleguen los parásitos y los roedores campen a sus anchas por las calles.

Que el sector turístico de Granada se va a resentir no lo duda nadie. Que los ciudadanos vamos a padecer la huelga está claro, de hecho somos la moneda de cambio de la huelga.

Lo que está por ver es si entre las partes existe alguna voluntad de llegar a acuerdos y/o imponer las medidas necesarias para que los efectos de la huelga no los paguemos quienes no tenemos ninguna culpa en este asunto.

Luego habrá que analizar si hay que modificar la legislación para que este tipo de huelgas en los servicios públicos no se puedan producir o si nos vamos a quedar así para siempre, obligados a pagar servicios que no recibimos.

Y, por cierto, el Albaicín es bonito hasta con un poco de basura.

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