Vacunarse contra la COVID-19 en Fermasa es una experiencia que nos revela en qué manos estamos.

De entrada, si tiene una cita con hora y minuto, pierda toda esperanza de ser tratado con puntualidad. Puede presentarse a la hora que le apetezca porque nadie va a controlar el acceso. Unos vigilantes en la puerta le indicarán que se ponga en una cola por tramos de media hora según tenga su cita pero todo el mundo se pone en la primera cola. Hay que ser tonto para ponerse en la cola siguiente.

Una vez pase su media hora (o más) de cola al sol podrá acceder sin que nadie le pida su cita ni controle absolutamente nada.

Pero no se entusiasme, allí le espera otra cola todavía más larga, de otra media hora, en la que le tomarán los datos. Para esto hay catorce mesas (por lo menos) pero la mayoría están vacías. Seguramente los funcionarios que las deberían ocupar estarán desayunando, de baja por depresión, serán liberados sindicales o tendrán reducciones de jornada u otros derechos derechos que a los trabajadores del común nos suenan a chino. Véase la foto que ilustra este artículo.
Una vez que llega su turno, en un minuto le preguntarán si tiene alergias o toma medicamento y anotarán su documento de identidad o tarjeta sanitaria. Una hora perdida para ese minuto y medio.

¿Y ya a vacunarse?

Para nada, una vez haya pasado la cola anterior, volverá a entrar en una cola más para vacunarse donde perderá otros quince minutos y en treinta segundos, un leve pinchazo y a sentarse los quince minutos de rigor.

En resumen, que para un acto administrativo de minuto y medio y cuarenta segundos de pinchazo, hay que perder más de hora y media haciendo cola.

¿Y tanta tardanza qué explicación tiene?

Es muy sencillo: hay un descontrol absoluto y vacunan a todo el que llega, tenga cita o no o la tenga a la hora que tenga, se pone uno en la cola y ya tocará. No hay control. Delante y detrás de nosotros había gente que por una u otra razón no estaba citada y todos han pasado.

¿Y cómo es posible que un tema tan serio esté tan mal organizado?

Ineptocracia, esa es la explicación. La persona responsable de ese desaguisado no ocupa el cargo por su competencia, capacidad o mérito. Le debe su puesto (elegido a dedo, por supuesto) a su amistad, dentro del partido, con tal o cual persona que es la que organiza las lista electorales y a la que en su día le deberá devolver el favor votándole para el comité provincial del partido o colocando a la hija de tal cargo en un chiringuito público.

La persona responsable de organizar las vacunaciones en Fermasa es un inepto pero no responde ante los ciudadanos cabreados sino ante quien le da el carguillo, seguramente muy bien pagado. En eso consiste la ineptocracia que nos gobierna. Y así va el país.

A ver quién encuentra la manera de cambiarlo.

Actualización de 25/8/2021:

Confirmado: el descontrol es total.

A día de hoy, hemos comprobado personalmente que cualquiera puede presentarse sin cita. En la puerta, un guardia jurado le indicará que vaya a la mesa de solicitar cita pero una vez dentro, es Ud. quien tiene que elegir entre la mesa que está a su izquierda para solicitar una cita y volver dentro de unos días o la que está a su derecha para pasar directamente a vacunarse.

Lógicamente, sólo los ingenuos optan por pedir una cita y todo el mundo entra directamente a vacunarse, donde le pedirán la tarjeta sanitaria y le preguntarán si toma medicación o padece alergias, hecho lo cual pasará directamente a vacunarse.

Ineptocracia en estado puro.

 

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