Cada vez que se inaugura algo o hay alguna noticia sobre novedades en el Parque de las Ciencias de Granada, echo un vistazo para ver si es una actividad donde el usuario puede “tocar” la Ciencia o donde va a ser simple consumidor.

Sólo me llevo decepciones.

Bien porque es una nueva inauguración de una obra que ha costado muchísimos euros donde el espectador no debe ni abrir la boca (la ampliación, el Biodomo, etc.) o bien porque se trata de talleres donde alguien que sabe, te cuenta su historia y uno participa, más o menos (más bien menos) y se va habiendo entendido más o menos de qué iba la historia.

Lo que hizo famoso al Parque de las Ciencias de Granada fue la existencia de salas donde uno podía tocar, podía mover, podía experimentar. Lo que ofrecen cada vez más desde hace bastantes años es lo mismo que cualquier museo ofrece. Que sí, que éste es de Ciencia y eso está muy bien y es muy necesaria pero es igual de peñazo que la mayoría de los museos y, en particular, muchas de las últimas exposiciones temporales simplemente me dejan ojiplático.

La de las momias de hace unos años que es la que ilustra este comentario, en particular, lo que me dejó fue el estómago revuelto y me pareció una exposición morbosa e innecesaria.

Está bien que se gaste dinero en la divulgación de la Ciencia pero ya podrían los divulgadores investigar por qué se aburre la gente mirando una exposición y se lo pasa tan bien mirando una bola caer haciendo círculos hasta un agujero.

Mauricio Luque.

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