Creo recordar que ya en un artículo anterior comenté la posibilidad de que se destaparan nuevos casos de corrupción y especulación en determinados pueblos de la provincia. Y me alegra (o entristece) igualmente decir, que tenía razón en aquella ocasión, del mismo modo que desde ahora mismo digo que habrá más casos como éste, a corto, medio y largo plazo.

Pues bien, el último caso se ha dado en Almuñécar, que tampoco es de extrañar con todo lo que se está construyendo por allí, uno de los pueblos más grandes de nuestra costa, con enormes posibilidades, un jugoso pastel.

Por lo visto la implicación llega incluso hasta ciertas propiedades en el Norte de áfrica y demás. Desde luego no me extraña nada, pero vamos, es normal, porque en el fondo seguimos siendo un país subdesarrollado en casi todos los aspectos, por mucho que digan los informes y suba el IPC, el PIB y todo eso. Lo que al final queda, es la esencia del español. El español por definición, es tramposo y corrupto. Por muy buenas intenciones que lleve, al final siempre termina viéndose envuelto en algún tipo de trama para sacar un sobresueldo de manera poco honesta. Si no es recalificando, es agilizando operaciones administrativas, como pasó en Madrid, o subvencionando o enchufando al primo de alguien.

Y sino, prueben en cualquier pueblo recóndito o de la "España profunda", y verán como en los ayuntamientos y demás servicios están los mismos de siempre, los familiares del alcalde, del diputado, etc. Los campos de Andalucía están vacíos, cuando podían estar produciendo al 100%. Vas al campo, y te encuentras a la gente que cobra el subsidio a la y que a la vez tiene algún otro "trabajillo" en B, ganando un pastón. Los chalés ruinosos en terrenos rústicos recalificados y que valen ahora una auténtica pasta. Lo único que parece que no se lleva, es el trabajo duro y honrado.

Y ahora esto, que hasta el sector público llega la picaresca, el descaro. Si se han comprado un piso en los últimos años, habrán podido comprobar que en el 90% de los casos siempre se da una cierta cantidad en negro. Y lo peor es que hasta el propio notario,. que se supone que da fe del hecho, es el primero en pillar su tajada del pastel. Seguro saltarán mil voces en contra desmintiendo todo lo que estoy diciendo, pero estoy seguro igualmente de que, precisamente todos los que salten serán los peores, que se darán más por aludidos y se harán los indignados.

Sé que no conseguiré nada quejándome, pero espero que al menos los votantes tengan algo más de cuidado al votar a los candidatos.

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