El otro día de vuelta a casa me encontré con operarios de nuestro ayuntamiento colocando en gran Vía las luces navideñas. Lejos de ser cada año más artificiosas, este año incluso, se van a ver reducidas en número, por lo que muchas calles no las lucirán esta Navidad.

He leído que incluso van a utilizar luces de bajo consumo lo que me parece algo perfecto. Parece que nuestro Ayuntamiento se ha propuesto el ahorro energético comoobjetivo principal. Tanto que, ya no sólo en Navidad, sino que durante todo el año hay calles que se encuentran casi oscuras.

Los vecinos se quejan de esto, y con razón, porque, si añades la falta de luz al hecho de que se trata de zonas alejadas del centro consiguen que algunos les de miedo volver de noche. Es lógico que las zonas del centro estén más iluminadas, pero que, avenidas como Gran Vía o Constitución se pasen de iluminación (y no lo digo yo, sino el Comité Internacional de Iluminación) mientras otras de barrios como la Chana o la zona Norte no lleguen, no me parece justo.

La falta de luz en las calles provoca miedo e inseguridad, y es eso precisamente lo que critican los vecinos, que, incluso, se piensan el salir a la calle porque la hora de vuelta les asusta por la falta de luz.

Todo esto del ahorro me parece acertado pero si lo hacemos con un poco de coherencia. Lo que no se puede hacer es hacerlo bien por un lado mientras se desfavorece a la otra mitad de la población. No se puede porque si se hace, las buenas intenciones caen en saco roto y todo parece más bien, un lavado de cara. Hay cosas que no se deben descuidar, y una de ellas es la seguridad de los habitantes.


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