La Ley de Memoria Histórica hace una proclamación general del carácter injusto de todas las condenas, sanciones y expresiones de violencia personal producidas por motivos políticos o ideológicos durante la Guerra Civil y la dictadura posterior. Esta ley contempla puntos como la retirada de símbolos franquistas de las calles o el reconocimiento e indemnización de las personas sacrificadas durante esta oscura época de nuestra vida, que, por mucho que nos pese y muchas leyes que se aprueben en cuanto a este respecto, siempre estará ahí.

Era necesario ya un texto que condenara el franquismo y honrara a todas esas personas que dieron su vida (o más bien les fue arrebatada) por su ideología, religión o creencias. Me parece perfecto que se sancione a entidades que mantienen símbolos franquistas o que se otorguen ayudas públicas para la exhumación de cadáveres.

Pero, ¿y si es la propia familia la que no quiere que los restos de miembros de su familia se exhumen?. Ese es el caso de la familia de Federico García Lorca, presuntamente enterrado en la fosa común del barranco de Víznar junto a los del maestro republicano Dióscoro Galindo y a los del banderillero Francisco Galadí. Según la nueva ley, pendiente aún de aprobación, se ayudará a los familiares y descendientes, si así lo solicitan, a exhumar a sus familiares asesinadas durante la Guerra Civil. Pero, ¿y cómo se ayudará a los familiares que se niegan?. En este caso, como en todos, siempre hay ganadores y vencedores.

Según palabras del presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, Francisco González, los restos del poeta no son patrimonio exclusivo de sus sobrinos carnales, puesto que su legado pertenece al pueblo español y a la humanidad, con todos los beneficios que ello traería consigo. Total, que si se abre la fosa para identificar a las personas enterradas en la fosa de Víznar, los restos del poeta también serían identificados por "descarte", y a partir de ahí, si la familia se opone, sería el Estado el que se haría cargo de ellos.

Como siempre una ley tiene múltiples interpretaciones, sobre todo dependiendo de quién la utilice en su beneficio o en el de los demás. Algunos la critican por el hecho de remover el pasado, lo que ha provocado reacciones por parte de algunos sectores liberales que defienden el conocimiento de la historia, la retirada de símbolos que provocan dolor e indignación y el derecho de los familiares de encontrar e identificar a sus antecesores. Pero no olvidemos, que una Ley de Memoria Histórica debe respetar de manera imperativa el recuerdo de todo aquéllo que pasó y que posiblemente, no se quiera desenterrar. No creo que la memoria permanezca más viva por más recuerdos que salgan a la luz.


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