Hoy es diecisiete de septiembre, vuelta al trabajo para muchos, al colegio para los que quedaban, y para mí, punto y final de las vacaciones. Aunque si no supiese que día es me lo recordaría el sonido de la calle. Ya están las carreteras que cruzan la ciudad abarrotadas de coches de gente que va al trabajo o a llevar a sus niños al colegio. Los atascos se convertirán a partir de hoy en el pan nuestro de cada día y, aunque deberíamos habernos acostumbrado después de la obras que ha sufrido la ciudad en los últimos años, el caso es que aguantar embotellamientos y sonidos de claxon nada más levantarte no ayuda a empezar bien el día.

Es por eso que la construcción de un metro, metro ligero, tranvía o como quieran llamarlo me parece una decisón acertada y necesaria. Ya no solo por el hecho de que hay que fomentar el transporte público para evitar contaminación y todo eso que ya sabemos, es que no puedo soportar el no poder concentrarme en el trabajo porque hay miles de coches debajo de la ventana pitando todos a la vez porque no avanzan y llegan tarde al trabajo.

El comunicar la zona metropolitana es algo que se tenía que haber hecho hace tiempo. Así la gente que vive en las localidades cercanas y al revés no tendrá que coger el coche para venir a trabajar, con el consecuente ahorro en gasolina, que en todo hay que pensar. La gente que vive en el centro también podrá dejar su coche aparcado en la cochera y contribuir un poquito a la deseable paz matinal. Lo que sea con tal de que esta ciudad, en la que se coge el coche hasta para ir a comprar el pan, se descongestione.

Y hablando de descongestión, parece que se están levantando voces que critican, aparte del coste, por supuesto, el jaleo de envergadura que va a provocar las obras de este metro, metro ligero o tranvía. No dudo en que será un infierno y que tendré que comprar tapones cuando digan de levantar las calles, pero para una obra que vale la pena, no creo que nadie deba quejarse más de la cuenta, porque quejarse un poco es algo aceptable como constituyente de la naturaleza humana.
Deberíamos apoyar propuestas como estas, son las que hacen que una ciudad funcione un poco mejor, las que facilitan las cosas y las que me convencen de que todavía, aunque sean pocas, se toman decisiones acertadas.


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