Buenos días lectores. Lo prometido es deuda y la semana pasada acordé con ustedes narrarles todo lo acontecido en mi cita del domingo con Merceditas, el niñato y Teté.
El punto de reunión era un céntrico bar de calle Navas famoso en toda Andalucía Oriental por sus gambas fritas y la solera de su plancha. Aparecimos cinco minutos por delante de la hora seleccionada. Había aleccionado a Merceditas de algunas maneras de comportamiento durante las horas que pasasemos juntos al lado de la parejita culpable de mi mal de amores. Aún con las directrices memorizadas sabía que todo sería muy largo.

Sin tiempo para regodearme en mis desgracias y puntualmente, entran por la puerta del establecimiento una pareja que bien podría ser una réplica de "La bella y la bestia". Ella con una falda larga y camisa por fuera, pelo suelto y con esas mechas rubias que volverían loco a cualquier mortal. El niñato con bermudas vaqueras, chanclas de material y un polo de cierta marca destacable que seguramente será un regalo de Teté. Ambos se sueltan de la mano y nos saludan efusivamente tras la presentación de las dos damas.

La Dalsien con toda su mala leche dice en voz alta que Merceditas y yo hacemos muy buena pareja mientras que el cenutrio de Granadaenlared asiente con la cabeza mientras que pide unas cañas. Tras ser servidas por un joven y atento camarero son acompañadas por un platito de mejillones que mi "amada" no nos deja probar. Ante tal hecho disculpo la conducta de Merceditas alegando que no hemos almorzado porque hemos visitado el yate de su padre en Motril. Teté por otro lado afirma que ellos si han comido bien ya que su futura suegra les ha preparado una paella espléndida en la casa de Málaga.

Creía que me moría. El niñato vive en un barrio humilde de Málaga y Teté había ido allí a conocer a sus suegros. Lo que yo creía un antojo de niña rica comienza a tener tintes de pareja formal. En ese momento mis pensamientos eran rematados por un dulce beso que intento contraatacar con otro a Merceditas; sin embargo, ella me mete la lengua violentamente y choco contra un fragmento de pan que me produce una lametable tos.

Tras pagar nos marchamos al teatro a disfrutar de un magnífico espectáculo por separado ya que yo tenía primera fila mientras que ellos se sentaron en la diez. Ni el arte desprendido pudo acabar con la pesadilla de ver a la mujer de mi vida con el imbécil más grande que se había cruzado por la suya.

Cuando el telón bajo y la luz toma la platea comencé a darme cuenta de que tenía que hacer algo y rápido. Tenía un compromiso de verano pero no sabía que pasaría después con Merceditas y sus padres. Lo que tenía claro es que en tres meses el mal podía estar hecho en forma de pareja viviendo junta en un Carmen. Pero había una posibilidad de salvación…

Godofredo de Minglanillas.


DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí