Tras muchos días leyendo y oyendo tertulias cofrades en la radio iba a atreverme a hablar de un tema peliagudo, finalmente me lo he pensado: El asunto me viene grande. En su día me vino grande lo De Juana Chaos y ambas cosas por el mismo motivo; la subjetividad. Uno intenta opinar pero cuando lo hace en un foro más amplio que el del almuerzo con su compañero de piso se piensa muy bien lo que va a decir.

No soy periodista y con las semanas intento aprender el oficio que otros tardan años o vidas en lograr. No soy ni más tonto ni más listo que nadie aunque si un poco sincero. No decir demasiadas burradas, enmarcarme en una posición neutral en algunos aspectos y bastante personal en otra. Creo que nunca seré un gran articulista, tampoco lo pretendo. Si entienden lo que quiero contarles me doy con un canto en los dientes.

El problema será si algún día utilizo la palabra "intrusista" para referirme a cualquier persona que escriba en espacios que cobren un poquito de vida en la ciudad. El periodista sabe pero no tiene la verdad absoluta y menos en un mundo donde hay tantas versiones como cristales de colores. La época de la verdad ha sido sustituida por la de los intereses, un cambio sustancioso en lo económico y visible en los contenidos.

A veces uno se siente como el niño que levanta la mano en clase pero que el profesor no ve ya que se sienta en uno de los últimos pupitres. Hay días en que borraría todo lo escrito y me centraría en esas oposiciones que tantas veces me recuerda mi familia que dejé abandonadas. Otros días me pregunto por qué ni mis supuestos amigos me leen. Los peores son aquellos en que te dicen que estás fuera de lugar.

He prometido leer libros de estilos y manuales de ética periodística aunque por ahora no tengo tiempo de pulir nada más allá de la práctica diaria, de sentarme delante de un ordenador y pasear por las calles, escuchar en lugar de oír y sobre todo impregnarme de Granada desde la ventaja que en algunos ambientes da el anonimato. No quiero ni abrazos, ni copas gratis, ni muchos menos "compadreo" con la estrella de turno. Ser invisible a sabiendas de que podrías estar mejor valorado si todos los días fueses de un lado a otro de Granada haciendo alarde de mil cosas que los flamencos llamarían "ojana".

La noticia por encima de la persona, la opinión por encima de la vanidad. Son un puñado de reglas que aplico junto a leer dos veces lo que se publica, consejo valiosísimo de Juan Luis Tapia. Ni histérico, ni bohemio. Una declaración de derechos que espero que me recuerden si alguna vez la cosa cambia.

Algunos me dicen que progreso adecuadamente, aunque yo cada día siento que necesito mejorar. No soy el único.

JMRojas www.granadaenlared.com

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