Nuevas medidas de seguridad que suponen retrasos en los aeropuertos invadieron ayer las noticias de todos los telediarios de las cadenas españolas y supongo que de la UE en general.

Normas tan simples como no poder subir en el equipaje de mano recipientes con líquidos de un volumen superior de 100 mililitros y que los tubos y frascos deban ser llevados en una bolsa de plástico transparente de una capacidad de un litro ennervan a los usuarios.

La gente se indigna por no poder subir una botella de agua a un avión o por el simple hecho de que se prohiba el accesso de una mochila un poco más grande de lo normal.
Señoras y señores tenemos lo que nos hemos merecido, como cuando en el colegio Juanito le tiraba al profesor una tiza a la cabeza y todos nos quedabamos sin recreo por su culpa.
El terrorismo y el miedo después de los distintos atentados en aviones (no seamos tan cínicos como para sólo llorar por el 11-S cuando cientos y cientos de aviones han sido secuestrados con mejor o peor suerte por grupos fanatistas de distintas ideologías a lo largo de la historia del invento de los hermanos Wright) ha tirado un poquito más de la cuerda en la mítica elección entre seguridad o libertad.
Día a día los hombres estamos destrozando nuestras libertades soportando situaciones que a continuación reproducimos para también coartar las libertades de los demás. Una imagen de Sísifo encadenado y machacado por la piedra. Lo que se nos olvida en mítines panfletistas es que el orden debe existir y que el problema no son las instituciones que lo representan, sino los hombres que las componen.
Viendo los hechos que ocurren cada cinco minutos tengo que decir que el hombre es malo por naturaleza, y que tienen que existir unas normas para guardarnos de esta maldad. El problema es que las reglas son creadas por hombres y que en ellas se verá reflejado el desarrollo de ese "lado oscuro" (en formas de beneficios de cualquier tipo en condiciones normales).
El círculo vicioso se cierra y sólo me queda la esperanza de que esta pequeña reflexión no les haya hecho calentarse demasiado la cabeza. Lo que pretendía decir es que me siento más seguro sabiendo que nadie lleva líquidos explosivos en un avión aunque me moleste pagar unos tres euros por cualquier bebida.

JMRojas www.granadaenlared.com

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