La pecha de llamas que e recibio to la semana y la presión de to los laos pa terminar de contar lo que pasó en el concierto del americano ese.
Tengo que deciros que gracias por vuestro interé, que yo escribiría ma, pero es que ahora estoy con el cursillo de uor, xp y mas cosillas que estoy hasiendo por CCC al salir de la ofisina y no tengo tiempo pa ná.
Er Johny no sé como japrendio a meterse en internet a leio esto y me ha dejao. Por un lao el pobre tiene motivos para dejarme pero es que yo tampoco me meresía la vida que me daba. ¡Que na más me quería pa lo que me quería!
Bueno, pero eso es otra historia que ya contaré en próximos episodios. El otro día dejamo la historia en la Plaza de Toros, cuando el niño de granadaenlared y yo quedamos pa entrar al concierto.
Pues apareció que parecía un leñador, con unos vaqueros rotos, una camisa de cuadros de franela roja y negra y una sinta en er pelo. ¡Pa que querrá una sinta en er pelo si es carvo!
De pronto y duvitativamente, una expresión que me enseñó er, me dice por mi nombre, que todavía no os desvelaré: "¿Eres tú?"
Prueba superada, er niño se ha queao como la camisa, a cuadros. Me dice que estoy muy cambiada, que no parezco yo y con to eso yo comienzo a ponerme colorá y le tiro un pellizquillo de la mano. To marcha sobre ruedas.
Después de salir del chóck los dos nos dirigimos a la puerta de entrada, donde está Nuria de musise, una chica mu apaña que le dice ar muchacho que tiene que subí parriba a aser la fotos y que en dos cansiones se tiene que i. órdene der bo.
Ar bo ese me lo como yo. Le pregunto que si me pueo subir con er parriba pa no quearme sola y me dice que claro. Comienzo a subir escaleras parriba y er como una caballero me da la mano pa no perderme en el barullo de la gente. Me estoi derrientiendo y ensima se vuerve me sonrie y me pregunta que si estoy bien.
Se me sarta un lagrimón, eso no me lo han hecho en la vía. Si mi mama me viera que felí estaría. Yo sigo subiendo y no le suerto la mano por na del mundo.
Al llegar a la sona de prensa, er saluda a un gente de periódicos y me presenta como una amiga, no como una compañera de trabajo. Me estoy aguantando la ganas de sartarle a los brasos y plantarle un beso en los morros.
Pero to comiensa ca uno en su puesto y las cámaras parriba y pabajo. Yo me pongo detrá der pa no molestar a nadie. Busco er roce y se da cuenta deja la camara, me sonrie y cuando acerca sus labios a los mio aparece un armario empotrao más oscuro que una coca cola de dos litros que empieza a gritar: ¡ESTó DE FOTO, OL PIPOL AU!
En este momento el chico me dise que se tiene que ir porque no tie entra pal resto del consierto y me deja allí sin beso, con gente rara y viendo a un tío que no me gusta.
Aquello duró más que la versión extendida de Los diez mandamientos, pero yo no me daba cuenta de ná, estaba en mis cosas, con una sonrisa de tonta recordando que ese niño quería besarme, y que sentía argo mu fuerte por er.
Al salir der consierto y de vuerta en mi motillo ar barrio me juré que la yoli ya no sería má la muchacha poligonera de los pircin y er tunin, que quería progresá, ser arguien y haserle ve a tor mundo que pueo llega a donde quiera.
Como en la peli ca salio nueva: Yo soy la yoli.

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