Ofú, otra vez tengo que escribir y hoy no me apetece porque estoy mu nerviosa. El concierto de la Rosa es el viernes y el niño de la ofisina no me ha invitao toavia.
El otro dia me dijo que le pusiera un fax y yo pa mis adentros pensé: «yo lo que te ponía era un piso». La lagarta de la Mercedes también quiere ir y como están los dos en el mismo despacho pues es una enemiga a tener en cuenta. La chiquilla tiene mucha labia, pero na que hacer contra mi y mis virtudes tangueriles.
Los días van pasando y hoy er jefe me ha llamado para que firme mi primera nómina, se me han sortao dos lágrimas y hasta me ha dao una copia pa que la vea er Johny y la enmarque mi mae.
A mi mae le he dicho que me gusta un muchacho de la ofisina y ella me achucha paque vaya a por él. Que er Jhony es mu bruto y que no ve futuro entre los dos. Que ella quiere pa mi un niño bueno, que me cuide y que me respete como persona y como mujer. Mi madre se pone mu filosófica cuando habla de mi futuro. Tanto que no la entiendo.
En fin que quiero ir a ver a Rosa. Yo soy mu fan de Rosa y de Operación Triunfo, pero de la primera vez que la hisieron. Allí nadie sabía que iba a pasar, si se harían ricos, si venderían muchos discos, que si uno se iba a liar con la otra. En fin, to la que se lió.
Eran chavales ilusionaos que querían cantar y que no sabían lo que les esperaba fuera. Unos triunfaron más que otros, pero mas o menos todos los españoles recordamos a Bustamante llorando o a la Rosa poniéndose a dieta. Son ya imágenes de la historia de la televisión pa bueno o pa malo. Pero tenían que seguir sacándole tor cardo a la gallina de los huevos de oro a base de jugar con las ilusiones de menores de treinta años que ya no querían ser arquitectos ni princesas. Querían ser cantantes de OT.
Llegaron las bajas audiencias, y se acabaron las carreras discográficas pa tos. Beth hasía el rediculo en Eurovisión y er Vicente, er que cantaba como Francisco, se iba a currar a una tele autonómica. A las firmas de discos de los nuevos «triunfitos» cada vez iban menos gente y las galas de la tele dejaron de venderse en los kioscos.
El programa se vendió a Telesinco e intentaron lavarle la cara a base de tomas farsas y de reirse de la gente que quería sus sinco segundos de gloria. Los de La Trinca seguían «trincando» y Jesús Vázquez, como mala marujona, ponía los telespertadores a favor de quien a er le salía de sus «pilinguindingis». A todos se les vorvía a prometer lo der principio, pero la mayoría regresaban a sus casas y pronto sólo vorverían a cantar como yo: En la ducha.
Ya ha empezado una nueva edición y han hecho protagonista a una que está perdiendo er oido y a otra sudamericana que siguieron asta que la espulsaron de los casting (hablaba como diciendo muchas palabras pa decir mu pocas cosas, pero era mu durse).
La gente se agarra a un clavo achicharrao y parece que la única opción de luchar por las cosas es el camino más rapido. Yo poquito a poco he cobrao mi primer suerdo y pa ser feliz sólo quiero estar bien conmigo misma. Los aires de grandeza pa los grandes. No quiero levantarme un día con toda mi realida rota, siendo arguien que se siente mal porque no le piden una firma.
De la fama, me queo con las copas de pescuezo y los turrones.

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