El joven pianista, compositor (y muchas cosas más: científico, matemático, profesor, conferenciante y escritor) Vijay Iyer actuó en el penúltimo de los conciertos del programa central del Festival de Jazz de Granada al frente de su trío. El concierto sobrepasó las dos horas de duración en un teatro Isabel la Católica completamente lleno que saludaba la llegada de uno de los músicos más premiados de los últimos años. De familia hindú y formación autodidacta, Iyer es ahora mismo la sensación del circuito de jazz y sus dos últimos discos, ‘Historicity’ y ‘Accelerando’, han recogido todas la menciones y galardones posibles por parte de los especialistas.

Este músico portentoso respeta y conoce pero no gusta de incardinarse en la historia de ninguna música en concreto, es jazz pero no necesariamente, ya que sus temas parecen más elaboraciones impresionistas que estructuradas composiciones al uso. Por encima de todo hay sentimiento y expresividad, idas y venidas por el teclado buscando las notas o la red de notas  exactas para trasmitir lo que desea en cada momento, pero más que con la confesionalidad introvertida de otros colegas, con una autoridad y cierto distanciamiento intelectual de quien sabe lo que quiere y sabe explicarlo. Iyer maneja una técnica muy depurada  y mantiene una relación amigable y hasta fraternal con el teclado que en sus manos se deja hacer. En los últimos años le han secundado en esta tarea Stephan Crump (de currículo mixto: Ashford and Simpson, Portishead’s,  The Violent Femmes’,  Jorma Kaukonen…) al contrabajo, y Marcus Gilmore (Gonzalo Rubalcaba, Nicholas Payton, con el que ya vino a Granada) en la batería, dos músicos que engranan perfectamente en la fantasía expresiva del músico indoamericano.

Las piezas, porque no fueron temas, sino maniobras orquestales (en la penumbra) pertenecieron en su mayor parte, como anunció, a su reciente trabajo ‘Accelerando’, una grabación y el consecuente concierto sin deudas estilísticas, tan clásico como jazzístico, con ritmos sincopados y a veces eminentemente  roqueros por su resolución, y en otras con hipnóticos círculos de insistentes digitaciones hasta casi la levitación, en cualquier caso ni un minuto similar al anterior, ni al siguiente, y con un muy estudiado trabajo de dinámicas y progresiones. Gusta este músico de llevar a su terreno composiciones ajenas, y en este caso (y ya en dos discos) se fijó en la canción ‘Human Nature’ de Michael Jackson, que casi la final de su concierto fue reelaborada con brillantez, energía y un gusto exquisito por la melodía.

Cuando el concierto parecía ya acabado, el grupo despedido y en camerinos, y las puertas del teatro abiertas, los insistentes aplausos consiguieron contra todo pronóstico hacerlos salir de nuevo, y no sólo regalaron una pieza, sino dos, aprovechando el pianista para agradecer al publico su recibimiento y confesando que siempre había querido tener la oportunidad de tocar en el Festival de Granada, uno de los más antiguos del todo el país.

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