El Premio Nobel de Química 2014 ha recaído en los investigadores estadounidenses Eric Betzig y William E. Moerner, y el alemán Stefan W. Hell. / Wikipedia

El Premio Nobel de Química 2014 ha recaído en los investigadores estadounidenses Eric Betzig y William E. Moerner, y el alemán Stefan W. Hell. / Wikipedia

Durante mucho tiempo se pensó que la microscopía óptica presentaba un límite infranqueable (la mitad de la longitud de onda de la luz) a partir del cual no se podría conseguir más resolución, pero los galardonados con el Nobel de Química 2014 demostraron que se puede superar con la ayuda de moléculas fluorescentes.

Se trata de los investigadores estadounidenses Eric Betzig (Michigan, 1960) del Howard Hughes Medical Institute y William E. Moerner (California, 1953) de la Universidad de  Stanford, junto al alemán Stefan W. Hell del Instituto Max Planck (aunque nació en Rumania en 1962). Sus trabajos han permitido a la microscopia analizar biomoléculas y estructuras a escala nanométrica.

En el ámbito de la conocida como ‘nanoscopía’, los científicos ya pueden visualizar moléculas individuales dentro de células vivas. Gracias a esta técnica pueden observar, por ejemplo, cómo las moléculas crean sinapsis entre las células nerviosas del cerebro, o rastrear cómo se agregan las proteínas implicadas en el párkinson, el alzheimer o la enfermedad de Huntington, así como seguir a moléculas individuales en los huevos fertilizados mientras evolucionan hacia embriones.

Todo estos avances eran impensables hace décadas. En 1873, el microscopista alemán Ernst Abbe estipuló un límite físico de resolución máxima de la microscopía óptica tradicional, que nunca podría llegar a ser mejor que 0,2 micras, y así se consideró durante mucho tiempo.

Ahora el Nobel de Química premia dos avances o métodos separados. Uno permite la microscopia de agotamiento de emisión estimulada (STED, por sus siglas en inglés: stimulated emission depletion), desarrollado por Stefan W. Hell en el año 2000. Se utilizan dos haces láser: uno estimula moléculas fluorescentes para que brillen y otro anula toda la fluorescencia a excepción de aquella en volúmenes de tamaño nanométrico. De esta forma, escaneando sobre la muestra nanómetro a nanómetro, se consigue producir una imagen con una resolución mejor que el límite estipulado por Abbe.

Por su parte, Eric Betzig y William Moerner, trabajando por separado, también sentaron las bases de un segundo método: la microscopia de una sola molécula. Se basa en la posibilidad de encender y apagar la fluorescencia de moléculas individuales, rastreando una misma zona varias veces para permitir que sólo algunas moléculas intercaladas brillen cada vez. La superposición de estas imágenes produce una superimagen densa con una resolución nanométrica. Eric Betzig utilizó esta técnica por primera vez en 2006.

“La nanoscopía se utiliza hoy en todo el mundo para obtener nuevos conocimientos de gran beneficio para la humanidad”, ha destacado la academia sueca en el anuncio del galardón.

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