Las moscas necrófagas adultas pueden ayudar a la expansión de los brotes de botulismo aviar, ya que pueden transportar la bacteria Clostridium botulinum entre los cadáveres de las aves acuáticas. Esta es una de las conclusiones que se desprenden de un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha sido publicado en la revista Environmental Microbiology Reports.

Para llegar a estos resultados, los investigadores depositaron cadáveres de aves libres de botulismo dentro de recipientes sólo accesibles para las moscas. Después, colocaron los recipientes en dos zonas: en humedales donde se estaban produciendo brotes de botulismo y en zonas sin brotes de esta enfermedad. Durante este experimento de campo, el 27,5% de los cadáveres colocados en humedales afectados con brotes de botulismo desarrolló larvas de moscas infectadas por C. botulinum. Por el contrario, en los recipientes colocados en lugares donde no había brote no se detectaron larvas portadoras del microorganismo.

Los resultados del trabajo de campo fueron corroborados con experimentos controlados en laboratorio para evaluar si las moscas podían transportar la bacteria y por cuánto tiempo. “Los experimentos nos muestran que las moscas pueden llevar el patógeno en condiciones naturales de un cadáver a otro, dado que la única manera de que el patógeno llegase a esos cadáveres era a través de ellas. Estos resultados pueden tener implicaciones en la epidemiología de la enfermedad y en su control”, explica la investigadora del CSIC Ibone Anza, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos.

El botulismo consiste en la intoxicación provocada por la ingesta de la toxina botulínica, producida por la bacteria Clostridium botulinum. El medio más propicio para el crecimiento de esta bacteria y para que produzca toxina son los cadáveres, ya que se trata de una bacteria “carnívora” y anaerobia que necesita proteínas para crecer. En los humedales los brotes de botulismo aviar se extienden por el llamado ciclo larva de mosca-cadáver. Durante este proceso, C. botulinum y las moscas necrófagas interactúan para asegurar su reproducción en una relación de mutualismo.

Las larvas de mosca que se desarrollan sobre cadáveres acumulan la toxina botulínica (que no les afecta) y la bacteria, y las llevan hasta aves sanas que, al ingerirlas, enferman y mueren generando más alimento tanto para moscas como para C. botulinum. Este ciclo aumenta la mortalidad exponencialmente y se perpetúa por envenenamiento secundario, en el que las aves se intoxican a partir de otras aves intoxicadas, hasta que las bajas temperaturas y la dispersión de las aves lo detienen.

“El botulismo aviar es una de las enfermedades que mata más aves acuáticas silvestres en humedales. Cuando se produce un brote, pueden morir de cientos a miles de aves dependiendo de si existen las condiciones propicias para su expansión, como calor, abundante materia orgánica en el agua y en los sedimentos del humedal y actividad de moscas. En humedales de Castilla-La Mancha esta enfermedad es muy común durante el verano, época en la que se dan brotes que pueden afectar a más de 20 especies de aves diferentes, entre las se encuentran algunas en peligro de extinción como la malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala)”, añade la investigadora.

Ibone Anza, Dolors Vidal, y Rafael Mateo. New insight in the epidemiology of avian botulism outbreaks: necrophagous flies as vectors of Clostridium botulinum type C/D.Environmental Microbiology Reports. DOI: 10.1111/1758-2229.12197

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