Fuente:
Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales

Dos estudios dirigidos por investigadores del IBIMA (Instituto de Investigación Biomédica de Málaga) y realizados porla Red Nacionalde Trastornos Adictivos han demostrado la existencia de biomarcadores plasmáticos  –en concreto, aciletanolamidas y quimioquinas– relacionados con el consumo de cocaína, su severidad y la presencia de comorbilidad psiquiátrica.

Los resultados de este trabajo han sido presentados hoy en el Hospital Regional de Málaga por la consejera de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, María José Sánchez Rubio, quien ha destacado la importancia de sus conclusiones de cara a mejorar en el futuro el diagnóstico y tratamiento a pacientes que son adictos a esta sustancia y, a su vez, presentan alguna patología psiquiátrica.

Uno de los principales retos en los estudios de la adicción es la identificación de pruebas biológicas objetivas –biomarcadores– que ayuden a investigadores y clínicos a clasificar a los pacientes adictos ya que, actualmente, el diagnóstico de la adicción se realiza por criterios de comportamiento que incluyen, entre otros, el consumo excesivo no controlado, el deseo persistente de consumir, el desarrollo de tolerancia y dependencia, y la repercusión sobre las actividades cotidianas.

Así, el grupo de investigación del IBIMA dirigido por Fernando Rodríguez de Fonseca y Javier Pavón, en asociación con el Centro Provincial de Drogodependencias, investigadores del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), y científicos de la Universidad de Valencia y del Centro de Investigación Príncipe Felipe – pertenecientes todos ellos a la Red de Trastornos Adictivos del Instituto de Salud Carlos III – ha abordado este reto en pacientes adictos a cocaína.

El estudio se ha llevado a cabo en una muestra de 250 individuos – 150 pacientes adictos a la cocaína, en tratamiento en los centros dependientes del Centro Provincial de Drogodependencias de Málaga, y 100 voluntarios sanos – que han sido sometidos a un estudio sobre sus características de consumo y presencia de patología psiquiátrica.

Los resultados, publicados en la prestigiosa revista ‘Addiction Biology’, demuestran la existencia de marcadores objetivos de adicción, como las aciletanolamidas y quimioquinas, que pueden utilizarse como indicadores de historial de consumo, severidad de la adicción, o la presencia de patologías psiquiátricas.

La población de pacientes consumidores de cocaína ha sido en su mayoría varones, con un promedio de edad de 37 años, y con una alta presencia de enfermedades mentales comorbidas. En concreto, el 36% de ellos presentaron depresión, un 20% ansiedad, un 16% síntomas de psicosis y un 33% trastornos de personalidad. Estos datos avalan el gran impacto que el consumo de drogas tiene sobre la salud mental y la necesidad de investigar sobre la patología dual.

En la investigación se han estudiado dos tipos de moléculas químicas (biomarcadores) que se pueden medir en la sangre y que se relacionan con la enfermedad;  los primeros han sido las aciletanolamidas (lípidos circulantes que regulan el metabolismo, la inflamación, el dolor, o el apetito), y las quimioquinas (que regulan la función del sistema inmunológico). En el cerebro, estos dos  tipos de señales regulan especialmente los procesos de plasticidad relacionados con el aprendizaje y control de las conductas, incluidas el consumo abusivo.

El estudio ha demostrado que las aciletanolamidas son biomarcadores de consumo ya que sus niveles se alteran a raíz del consumo de drogas, y esta alteración sigue presente tiempo después de que el individuo haya dejado de consumir. Este hecho es relevante porque indica que el paso de la cocaína por el organismo deja una huella indeleble que se puede utilizar para ajustar el diagnóstico de los pacientes. Las aciletanolamidas, además, marcan a la población adicta que presenta trastornos afectivos, es decir depresión.

De otro lado, algunas de las quimioquinas circulantes han sido identificadas como marcadores de severidad en el consumo; lo que significa que los niveles en sangre de estas quimioquinas permiten identificar si un paciente está en los primeros momentos de su historial como consumidor, y su grado de severidad.

Este tipo de quimioquinas no sólo controlan la defensa contra infecciones – de la que ya se conoce su deterioro en los adictos –, sino que también regulan la microglía, un  tipo de células cerebrales que participa activamente en el control del comportamiento. El hecho de que las drogas de abuso provoquen cambios en el sistema inmunológico de defensa es un descubrimiento notable.

La adicción a drogas es una enfermedad crónica y recidivante. En el último año la prevalencia de su consumo en adultos jóvenes (de15 a34 años) es cercana al 3,5%.

La existencia de una elevada comorbilidad del consumo de cocaína con patologías psiquiátricas, en las personas que cumplen criterios de adicción se suma a la dificultad para hacer un diagnóstico objetivo, siendo difícil en muchos casos discernir si algunos pacientes consumen drogas para aliviar su patología psiquiátrica, o si el consumo de estas drogas induce un cuadro psiquiátrico.

Este grupo de investigadores está estudiando en estos momentos los mecanismos celulares y moleculares por los que estas moléculas podrían estar implicadas en el comportamiento adictivo. Estos estudios pioneros permitirán, en un futuro, mejorar el diagnóstico y tratamiento de los pacientes adictos con comorbilidad psiquiátrica, un grupo muy numeroso de enfermos que presenta grandes dificultades terapéuticas debido a que la coexistencia de los dos procesos (adicción y enfermedad mental) produce una merma en la eficacia de las terapias disponibles.

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