Fuente:
Carolina Moya / Fundación Descubre

Nueva estructura de perforación (bautizada como Imbutichnus) producida por un crustáceo pyrgomátido dentro del coral sobre el que creció. Es un caso de parasitismo hasta ahora no encontrado en el registro fósil.

Nueva estructura de perforación (bautizada como Imbutichnus) producida por un crustáceo pyrgomátido dentro del coral sobre el que creció. Es un caso de parasitismo hasta ahora no encontrado en el registro fósil.

Los fósiles y las evidencias de su actividad biológica en depósitos marinos de hace 11 millones de años en el archipiélago de Cabo Verde constituyen registros conservados en las rocas que relatan cómo eran las costas de estas islas en el pasado. Investigadores de las universidades de Huelva, Lisboa, Ensenada (Baja California), Columbia (Nueva York) y Massachussets han estudiado por primera vez cómo han ido evolucionando el conjunto de islas de origen volcánico a través del análisis de las especies marinas que las poblaban. Los científicos han demostrado que, en estas zonas volcánicas, ciertas especies presentaban modelos de comportamiento inducidos por diferentes características de los medios sedimentarios de cada época estudiada.

En el estudio Ichnology in oceanic islands; case studies from the Cape Verde Archipelago publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, los expertos se han centrado en reconocer las evidencias de la actividad orgánica de diferentes tipos de organismos marinos -como corales, bivalvos, gasterópodos y erizos entre otros- en superficies rocosas que tienen antigüedades comprendidas entre 11 y 1 millón de años. “Es la primera vez que se estudian estos organismos en las islas atlánticas de origen volcánico, ya se habían analizado en las plataformas continentales. Sin embargo, estas islas nacen con una extensión pequeña y se van construyendo con la actividad volcánica. Esta particularidad hace que la lucha entre las especies y el volcán sea continua”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Huelva Eduardo Mayoral.

Trabajando al borde del abismo

Trabajando al borde del abismo

En esa batalla por ganar terreno, la actividad de los organismos del pasado se manifiesta con perforaciones en rocas basálticas perforadas por especies que buscan un domicilio, como los bivalvos o los erizos de mar. En otros casos, se trata de bioconstrucciones que colonizan estas superficies. “Estas evidencias de su actividad orgánica o de su comportamiento nos han permitido reconocer la existencia de antiguos litorales rocosos en esas zonas y relacionarlos con la evolución tectónica regional y los principales avances o retrocesos del nivel del mar en aquellas épocas”, detalla.

Con estas pistas tanto biológicas como geológicas, los expertos configuran un escenario de cómo serían esos entornos marinos en el pasado. Además, con esos registros geológicos y la observación del entorno en el presente pueden también esbozar cómo evolucionará la zona. “Con estudios de este tipo se pueden hacer modelos predictivos. Tenemos evidencias del Mioceno y el Pleistoceno, también conocemos la zona en el presente, el siguiente paso es extrapolarlo al futuro. Aunque cabe el factor sorpresa, porque hablamos de zonas volcánicas caracterizadas por unos comportamientos geológicos muy activos”, advierte.

Diversos miembros del equipo trabajando y tomado datos en los depósitos rodolíticos (que son las construcciones en forma de bolas amarillentas, formadas por las algas calcáreas. También tiene 10 millones de años)

Diversos miembros del equipo trabajando y tomado datos en los depósitos rodolíticos (que son las construcciones en forma de bolas amarillentas, formadas por las algas calcáreas. También tiene 10 millones de años)

Estudio en sedimentos blandos

Los investigadores han analizado también la actividad biológica en sedimentos blandos como arenas o arcillas. En estas superficies, han podido deducir comportamiento de organismos excavadores. “En este caso, están condicionados por los episodios de erosión y sedimentación que se produjeron en los fondos marinos”, precisa.

Por último, el equipo internacional ha analizado también los depósitos formados por algas coralinas que construyen estructuras de forma esférica denominadas rodolitos y que están asociados a las anteriores superficies. “De esta forma, hemos podido elaborar un modelo general para explicar su conservación y su modo de transporte desde las zonas de plataforma donde vivían hasta la costa”, apostilla.

Imágenes:

Parte del equipo trabajando en los afloramientos de la Serra Negra, en la isla de Sal.

http://www.flickr.com/photos/fundaciondescubre/11336150733/

Nueva estructura de perforación (bautizada como Imbutichnus) producida por un crustáceo pyrgomátido dentro del coral sobre el que creció. Es un caso de parasitismo hasta ahora no encontrado en el registro fósil.

http://www.flickr.com/photos/fundaciondescubre/11336151183/

Detalle de los rodolitos y cuadrícula empleada para su medición y contaje

http://www.flickr.com/photos/fundaciondescubre/11336018345/

Diversos miembros del equipo trabajando y tomado datos en los depósitos rodolíticos (que son las construcciones en forma de bolas amarillentas, formadas por las algas calcáreas. También tiene 10 millones de años)

http://www.flickr.com/photos/fundaciondescubre/11336156933/

http://www.flickr.com/photos/fundaciondescubre/11336161523/

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