22/07/2013

Fuente: Ignacio Wilhelmi / Fundación Descubre

Puede ser que la conjunción del sol, alcohol y tabaco sea un reclamo en ocasiones para atraer turismo, pero lo que el radiólogo e investigador de la Universidad de Granada Nicolás Olea tiene claro es que esta combinación es letal para la población andaluza. Según Olea, la comunidad autónoma se sitúa a la cabeza de Europa en cánceres de vías aerodigestivas superiores: lengua, mejilla, laringe, faringe y orofaringe o labio por estos factores de riesgo, sin olvidar los de vejiga y pulmón debido a la exposición química en provincias como Huelva, Cádiz, Sevilla o Almería. Así, el investigador resalta la importancia de la “localización geográfica” para dilucidar el tipo de cáncer que puede predominar en una zona y puso como ejemplo el de mama, que suele darse con más frecuencia “en las grandes ciudades al estar relacionado con la calidad de vida”.

Olea también destaca entre los factores de riesgo más importantes para desarrollar enfermedades el momento de la exposición a ciertos productos químicos, lo que se denomina ‘the windows of exposure’ o las ventanas de exposición. Según los estudios realizados por su grupo de trabajo, estos investigadores sospechan que las exposiciones del embrión y feto durante el embarazo y primera infancia son especialmente peligrosas, ya que “las exposiciones tempranas en momentos críticos son las más importantes, las tardías no son tan definitivas”. Así, la ventana de exposición temprana, desde prácticamente la concepción de una vida hasta la primera infancia, aumenta el riesgo de enfermedad, aunque ésta “aparece cuando tiene que aparecer”.

Así, el radiólogo pone como ejemplo la hambruna que se produjo en Dinamarca durante la II Guerra Mundial cuando los supervivientes perdieron un tercio de su peso durante 12 ó 14 meses. “Nacieron en un estado carencial grande y por lo que se ha podido comprobar, los efectos del hambre y la pobreza alimentaria han tenido impacto en su salud y, aunque posteriormente en los años 50 recuperaran un nivel aceptable de nutrición, se sabe que hay momentos que condicionan para siempre tus riesgos de enfermedad”, explica Olea, que también señala otra experiencia como Hiroshima y Nagasaki donde “las chicas que se expusieron a la radiación ionizante con 11 años sufrieron un aumento exponencial del cáncer de mama a los 50”, mientras que “las exposiciones tardías no fueron tan definitivas”.

Nicolás Olea junto a su equipo de trabajo

Nicolás Olea junto a su equipo de trabajo

El investigador de la Universidad de Granada hace especial hincapié en la necesidad de instaurar en España una mayor cultura de prevención, sobre todo en el ámbito sanitario. Olea critica que la prevención en la medicina es “anecdótica” y que con la crisis, “como somos pobres, hay una mayor permisividad que permite hacerlo todo” y añade que “sólo cuando el Estado se lo cree, hace cosas beneficiosas para todos”. Así, pone como ejemplo la campaña contra el tabaquismo o las acciones para la desaparición de las gasolinas con plomo. En el estudio de plomo en placenta que hizo su equipo de investigación descubrió que en 2001 el 30% de las placentas estudiadas en mujeres contenían plomo mientras que, tras prohibirlo en las gasolinas, en 2007 este porcentaje disminuyó hasta un 1%. “El efecto de la prohibición de gasolinas de plomo ha hecho que este elemento químico en los niños sea casi no detectable” apostilla.

Olea, además, critica la moda que domina la enseñanza y práctica médica hoy en día: “La medicina que se enseña y se practica es diagnóstica y terapéutica porque parece que es más científica, más moderna, más acorde con el desarrollo de la técnica”. Según el investigador, “la medicina diagnóstica cuenta con grandes máquinas y la terapéutica igual, grandes productos, avances tecnológicos que son muy bien recibidos por la población. Ya lo dicen en la televisión: ‘sigue consumiendo modernidad, que todos nuestros problemas y enfermedades provocadas por el desarrollo las solucionaremos con más desarrollo, con más tecnología: una máquina que te detecta el cáncer, otra te irradia selectivamente…’, una solución para cada cosa”, indica Olea, a la vez que aboga por “reeducar” e “informar” a los ciudadanos, así como impulsar la medicina de prevención.

Por último, Olea, como muchos otros investigadores que se dieron cita durante el VIII Conferencia Nacional de Disruptores Endocrinos celebrada hace unas semanas en la Escuela Andaluza de Salud Pública, critica la “parálisis por análisis” que sufre España y Europa. “En 1998 comenzó el plan europeo sobre disrupción endocrina y llevamos 15 años esperando que la Comisión Europea tome medidas”, señala el investigador, que añade que “después de este tiempo y más de 100 millones de euros en investigación, en la última comisión estaban discutiendo una redefinición del término (disruptores endocrinos)”, por lo que se pregunta si estos grupos de expertos trabajan “para el bien de la gente o para favorecer los intereses desarrollistas de los grupos económicos”.

El equipo de investigadores liderado por Olea está trabajando actualmente en enfermedades endocrinas hormonodependientes como el cáncer tiroides, mama, próstata, testículo, el neurodesarrollo y la incidencia de los factores ambientales en los casos de diabetes. Según señala el médico, estas enfermedades están registrando un aumento “epidémico” entre la población y “como no podemos controlar nuestra susceptibilidad individual ni nuestros genes, preferimos actuar sobre nuestro medioambiente, que es lo que podemos modificar y nos permite anticiparnos a la enfermedad”.

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