12/06/2013

Uno de los aspectos más conflictivos en Biología de Conservación es valorar cómo de generalizable es la información de que disponemos entre distintas especies y/o sistemas biológicos. En esta línea, el grupo de investigación de Ecología, Evolución y Conservación Plantas Mediterránea de la Universidad de Sevilla ha publicado un estudio, en el que ponen de manifiesto cómo la fragmentación y antropización de ecosistemas afecta de forma diferente a especies con distintas estrategias vitales. “Las interacciones entre los seres vivos y su entorno son muy complejas y hacen bastante imprevisibles las consecuencias, al menos genéticas, de la desaparición o alteración de poblaciones naturales”, comenta el catedrático de la US y responsable de este trabajo, Abelardo Aparicio Martínez.

Teniendo en cuenta estas primeras conclusiones generales, los expertos han realizado otro estudio en el que miden la capacidad que tienen las plantas, en el caso concreto de una especie de arbusto muy característico del mediterráneo, el lentisco Pistacia lentiscus, de dispersar sus granos de polen mediante el viento y las repercusiones que ese mecanismo tiene en la estructura genética de las generaciones siguientes (tanto juveniles como adultas). Así, Aparicio Martínez destaca que “aunque la capacidad de dispersar el polen es muy elevada, hemos detectado un cierto empobrecimiento genético tal vez relacionado con una limitada capacidad de dispersión de las semillas en un ambiente muy alterado por el Hombre”.

Los procesos demográficos – desde el cuajado de los frutos hasta el  establecimiento de las plántulas – también son alterados por la fragmentación del hábitat, y los resultados son bastante concluyentes a este respecto. Tomando como caso de estudio otra especie mediterránea de interés, el mirto Myrtus communis, los datos demuestran que la fragmentación del hábitat perjudica la subsistencia de esta planta debido a la existencia de “cuellos de botella demográficos” para el establecimiento de las plántulas. Este cuello de botella demográfico está asociado a la pérdida de calidad del hábitat por la fragmentación del mismo y no a parámetros genéticos relacionados con la endogamia. Ante esto, los investigadores señalan que la manera de paliar estos efectos es, por tanto, mejorar la calidad del hábitat en los remanentes forestales de poca extensión. “Esto sería posible reduciendo el manejo intensivo y favoreciendo microhábitats adecuados para el reclutamiento”. 

Más información:

http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1472-4642.2011.00823.x/abstract

http://www.rjb.csic.es/jardinbotanico/ficheros/documentos/pdf/pubinv/BGA/Albaladejoal_2012.pdf

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1433831911000709

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