18/12/2012

Fuente: Fundación Descubre

El profesor del departamento de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Granada Serafín Moral inicia las actividades de homenaje a Alan Turing en Andalucía con una ponencia sobre la trayectoria personal y científica del matemático

El profesor Serafín Moral ha desgranado la trayectoria personal y científica de Turing

El profesor Serafín Moral ha desgranado la trayectoria personal y científica de Turing

Un recorrido por la figura de Alan Turing: su infancia y juventud -cuando realizó un viaje a Granada- su peculiar forma de entender la vida, su obsesión por poner en práctica la teoría matemática y sus aportaciones a la actual informática. Estos aspectos han centrado la charla del profesor del departamento de de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Granada Serafín Moral. La primera jornada del homenaje al matemático que sentó las bases de la computación ha abordado las experiencias vitales de Turing y cómo fueron marcando su devenir científico. En una charla en la que los aspectos biográficos se han ido combinando con hitos en sus avances en la ciencia, el profesor de la Universidad de Granada ha ido dibujando un personaje marcado por un carácter peculiar que definiría su trayectoria científica.

Nacido en el seno familia clase media alta hace un siglo, el pequeño Turing comenzó a dar muestras de su ingenio a edad temprana. “Cuando su madre le preguntaba si sería un niño bueno, él contestaba con frases como: seré un niño bueno, pero a veces me olvidaré”, ha contado Moral. No obstante, en Turing se conjugaban contradicciones como unas capacidades sobresalientes en aspectos como la lectura – aprendió a leer solo- junto a otras tareas que le resultaban más difíciles, por ejemplo, le costaba entre la izquierda y derecha o participar en los juegos de equipo.

Este carácter introvertido le llevó a disfrutar de la lectura de un popular libro llamado Maravillas Naturales que Todo Niño Debería Conocer, que despertó un interés científico que le acompañaría siempre.

A los 14 años, entró en la escuela de Sherborne donde protagonizaría un hecho que incluso fue recogido por la prensa local. “El día que se iniciaba el curso había huelga y que no fue obstáculo para Turing que pedaleó 100 kilómetros para asistir a clase. Este entusiasmo inicial se dio de bruces con el sistema educativo inglés cuyo objetivo era formar a profesionales y funcionarios. De esta forma, los deportes eran más valorados que la originalidad y la ciencia”, ha destacado Moral.

Esa atracción científica le llevó a sintonizar con uno de sus compañeros Christopher Morcom, del que se enamoró. Un amor que le sirvió como acicate para progresar en el sistema educativo inglés. “Hizo suyo el objetivo de su compañero: entrar en el Trinity Collegue”, explica el profesor.

Tras una preparación conjunta, Morcom pasó las pruebas de acceso, al contrario que Turing. Sin embargo, la temprana muerte de su amigo acabaría con esta etapa, tras la que afianzó la relación con la familia de su compañero. “Incluso realizaron un viaje a Granada en la primavera de 1930 para ver la Semana Santa”, ha afirmado Moral.

Finalmente, en 1931 logró el acceso al King’s Collegue. Una institución más favorable a la forma de ser de Turing que el Trinity. “Allí declaró su homosexualidad sin problemas, en un ambiente menos encorsetado. Su forma de pensar, liberal de izquierdas, coincidía con el conocido economista Keynes también miembro de Collegue”.

Sistematizar las matemáticas

En esta etapa, Turing hizo suyo el objetivo de Hilbert, que pretendía crear un sistema matemático formal “completo” y “consistente”, en el que todas las aseveraciones pudieran plantearse con precisión. Su idea era encontrar un algoritmo que determinara la verdad o falsedad de cualquier proposición en el sistema formal. A este problema le llamó el `Entscheidungsproblem’. Si Hilbert hubiera podido cumplir su objetivo, cualquier problema que estuviera bien definido se resolvería simplemente al ejecutar dicho algoritmo. “Su idea era automatizar todo. Si lo extrapolamos a medicina, sería como contar con una enciclopedia para diagnosticar a todos los enfermos. Tener un procedimiento mecanizado, un recetario, para cualquier diagnóstico”, ha explicado el profesor.

Esta obsesión por mecanizar las matemáticas se materializó en la máquina de Turing: la formalización matemática del concepto de algoritmo. “Turing lo puso al mismo nivel que las funciones o las matrices. Lo propuso como objeto de estudio. Destacó que los algoritmos permiten ver mejor la naturaleza del problema”.

El siguiente paso fue la formulación de la denominada máquina universal. “Demostró que había un algoritmo, que podía leer otro algoritmo, que se podían leer datos. Esto nos parece hoy natural porque lo hacen los ordenadores, pero en su tiempo fue una idea era muy innovadora”, subraya Moral.

La siguiente parada de la vida de Turing es América, en concreto el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. “Allí no tuvo mucho éxito por su falta de habilidades sociales. Sólo hizo amistad con un compañero: Maurice Price. Éste era bueno en hacer valer su trabajo, sin embargo, Turing mantenía que la verdad podía vencer por sí misma, sin más publicidad”.

En este tiempo, comenzó a interesarse por la criptografía. “Llama la atención que tuviera dudas sobre si ganar dinero con esta actividad, porque no lo consideraba lícito, según le manifestaba en una carta a su madre”, comenta el profesor.

A continuación el profesor de la Universidad de Granada ha abordado la etapa de criptógrafo en la Segunda Guerra Mundial, el aspecto más conocido de la figura de Turing. Tras la etapa criptográfica, el debate se ha centrado en quién fue el “padre” de los ordenadores modernos. “Se dice que Von Neumann, pero su modelo estaban inspirados en los trabajos de Turing”, reconoce Moral.

Inteligencia Artificial

En 1950, escribió su famoso artículo Computing Machinery and Intelligence, que comienza con la pregunta ¿Pueden las máquinas pensar? Donde propuso el test de Turing. Este consiste en que si hay juez que se comunica con dos habitaciones. La primera ocupada por una persona y la segunda por una máquina. Mediante preguntas, el juez debe acertar quién es la persona. Si acierta en 50% de los casos, entonces se considera a la máquina ‘inteligente’.

Aunque no exento de críticas, ya que no distingue entre inteligencia e imitación, su principal virtud es que supone una definición operativa. “Hoy se aplica el test de Turing inverso, en los códigos Captcha, las palabras que debe teclear el usuario en algunas webs para identificarse”, ejemplifica el profesor.

Turing predijo que en 50 años se superaría el test en un 30% de las veces y ninguna máquina lo ha pasado aún, con lo que se equivocó en sus predicciones.

En Manchester hizo una de sus últimas contribuciones La base química de la morfogénesis, dedicado al estudio de cómo aparecen estructuras y formas (o “patrones“) de manera espontánea en distintos sistemas físicos, químicos y biológicos.

La carrera profesional de Turing se vio truncada cuando lo procesaron por su homosexualidad. Arnold Murray, el amante de Turing, ayudó a un cómplice a entrar en su casa  para robarle y éste acudió a la policía a denunciar el delito. Durante la investigación policial, Turing reconoció su homosexualidad. Convencido de que no tenía de qué disculparse, no se defendió de los cargos y fue condenado.

Dos años después del juicio, en 1954, amaneció junto una manzana a medio comer envenenada con cianuro.

El profesor de la Universidad de Granada ha concluido con la reflexión: ¿Qué hubiera pasado si Turing hubiera vivido hoy? “Creo que no fue solo rechazado por su homosexualidad, también por su forma de ser. De difícil trato y escasa comunicación, se ha especulado si sufría el Síndrome de Asperger. Así que, con ese carácter, en el sistema universitario actual, que mide la productividad, creo que Turing tendría una vida fácil y sufriría la incomprensión”, apostilla.

La conferencia se enmarca en las actividades de homenaje a Alan Turing que han organizado la Fundación Descubre, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática y de Telecomunicación y la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, la Sociedad Andaluza de Educación Matemática Thales-SAEM Thales y la Sociedad Andaluza para la Divulgación de la Ciencia.

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