GRANADA, 18 (EUROPA PRESS)
El investigador Miguel Caballero, autor del libro «Las 13 últimas horas en la vida de Federico García Lorca», tiene previsto reunirse «próximamente» con los familiares de los que fueron fusilados junto al poeta en la madrugada del 17 de agosto de 1936 para exponerles su investigación acerca de la posible ubicación de la fosa en la que fueron enterrados, que él ubica en el paraje de Alfacar (Granada) conocido como «Peñón Colorado» que fue, en tiempos de Guerra Civil, el campo de instrucción de las tropas de Falange.
Caballero ha señalado a Europa Press que está aún pendiente de que tanto la Junta de Andalucía, concretamente el Comisariado de la Memoria Histórica y a la Delegación Provincial de Cultura, como el Ayuntamiento de Alfacar, gobernado por el PP, le contesten a su solicitud para realizar en los terrenos un sondeo con georradar, para lo que sí que cuenta ya con el visto bueno del propietario, que es un particular.
Asimismo, la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha reunido con Caballero y ha visitado junto a él el enclave, que ya señalara el periodista Eduardo Molina Fajardo, falangista granadino. De hecho, según ha dicho a Europa Press el vocal de la Asociación, Francisco Vigueras, la pretensión es «apoyar» a Caballero en favor de una investigación «rigurosa» que pueda ubicar el enterramiento común, en el que se supone que, junto a los restos del poeta, se encuentran los del maestro republicano Dióscoro Galindo, y los de los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
Según Vigueras, la asociación «no ha dejado de investigar» acerca de la posible situación de la fosa desde que culminó sin éxito la excavación que se llevó a cabo en 2009 en el Parque Federico García Lorca, junto al monolito y bajo el olivo en el que Manolo «el Comunista» dijo al hispanista Ian Gibson que había enterrado al poeta.
«Nosotros creemos que cualquier intento de esclarecer y buscar la verdad de lo que ocurrió es bueno, y por eso apoyamos esta investigación de Caballero, pero también creemos que antes de iniciar una nueva excavación, hay que documentar muy bien los datos que tenemos. En principio, su intención conecta con nuestros objetivos de atender a las demandas de los familiares, y con nuestro objetivo de seguir abriendo, aunque siempre con una investigación rigurosa», ha sostenido Vigueras, que insiste en que la prospección de hace dos años no fue «un fracaso».
Asimismo, Vigueras ha recordado que en el paraje que Caballero señala está «sembrado de fosas comunes», de manera que, si el georradar encontrase un posible enterramiento común, «eso no significa que se trate de la que se está buscando». Por ello, el vocal ha pedido «cautela» en este asunto, y que se eviten las «falsas esperanzas», más cuando hay implicados familiares de represaliados, «que son los que más sufren».
Caballero afirma que una vez finalizado el sondeo que propone, elevará una petición formal, en colaboración con la Asociación Granadina de la Memoria Histórica y con la «anuencia» de los antepasados de los que supuestamente enterrados junto a Lorca, para que pueda llevarse a cabo una nueva excavación, siempre y cuando se tenga la evidencia científica de la existencia de una posible fosa común.
Según sus pesquisas, que van en la línea de las que ya hiciera el periodista Eduardo Molina Fajardo, falangista granadino, la fosa de Lorca se ubica frente a un cortijo situado entre la carretera que une Víznar con Alfacar, en el Pago del Peñón Colorado, que era el antiguo campo de instrucción de las tropas de Falange.
TESTIMONIOS CLAVE
El investigador considera clave lo que dijo a Molina Fajardo el capitán José María Nestares –jefe del sector de Víznar en 1936–, su hijo, Fernando Nestares, un agricultor de Alfacar que labraba terrenos cercanos al lugar de fusilamientos, el que fuera alcalde de Pulianas, Pedro Cuesta Hernández, y un quinto individuo que el periodista identifica con las iniciales A.M.F.
«Eran personas que nada o casi nada tenían que ver entre sí, y los testimonios son coincidentes. Todos apuntan al campo de instrucción», señala Miguel Caballero, que ha explicado que en aquel lugar, cerca del entonces Cortijo Gazpacho –hoy conocido como Cortijo Pepino– se cavaron pozos para la búsqueda de agua subterránea, y por ello, el enclave era idóneo para enterrar cuerpos.
Además, Caballero no sólo se basa en los testimonios que recogió Molina Fajardo, sino que encargó un estudio a un equipo de arqueólogos y geólogos de Aragón que han analizado las depresiones del terreno y que han delimitado «perfectamente» el posible enterramiento en el lugar.
Para Caballero, fue un «error» la excavación que se hizo en 2009 en el interior del parque, donde Ian Gibson situó la fosa basándose en las afirmaciones del enterrador Manolo el Comunista, y considera que, para averiguar lo que realmente pasó deberían iniciarse de nuevo los trabajos y proceder a la exhumación de los restos del poeta.
«Como investigador, a mí me gustaría saber cómo murió y las circunstancias de la muerte mediante un examen forense. Pero también entiendo que hay que respetar los deseos de la familia Lorca –que se ha opuesto en reiteradas ocasiones a la exhumación-. Son dos cosas difíciles de conciliar», reconoce el estudioso lorquiano.

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