Forenses: El hombre padece un «trastorno de ideas delirante», con ataques de celos que anulaban sus facultades «cognitivas y volitivas»
GRANADA, 25 (EUROPA PRESS)
La Fiscalía de Granada ha mantenido este miércoles su petición de 20 años de internamiento psiquiátrico penitenciario para el hombre de 78 años acusado de asesinar a tiros a su mujer, de 76, el pasado 3 de abril de 2009 en el domicilio que ambos compartían en Píñar (Granada), hechos que se enjuician en la Audiencia de Granada desde el pasado viernes por un jurado popular.
En la última sesión del juicio, el fiscal ha considerado que el procesado es un «enfermo mental», después de que las forenses que lo analizaron, que han declarado en la vista, hayan asegurado que padece un «trastorno de ideas delirantes», con ataques de celos que le provocaban una concepción «errónea» de la realidad y una total anulación de sus facultades «cognitivas y volitivas».
No obstante, y pese a reconocer que el acusado padece un trastorno, el representante del Ministerio Público ha señalado que el hombre mató a su esposa en un acto «súbito, repentino» y sin posibilidad de que la víctima se defendiera, con lo que no cometió un homicidio, sino un asesinato.
Además, ha calificado al inculpado como una «persona peligrosa» que «no debe estar en la calle ni en casa con su familia», puesto que sus reacciones, teniendo en cuenta su enfermedad y aunque recibe tratamiento, «son imprevisibles», con lo que recomienda no su ingreso en prisión, pero sí su internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario.
La Abogacía del Estado, que ejerce la acción popular en nombre de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, ha rebajado su solicitud, aunque mantiene que el hombre debe ingresar en prisión, concretamente por un tiempo de siete años y medio. Cinco de los siete hijos del matrimonio han renunciado a percibir una indemnización por esta muerte, con lo que tanto al Fiscalía como la Abogacía del Estado han retirado su solicitud al respecto, salvo para las otras dos hijas restantes, que no se han pronunciado aún.
La defensa, por su parte, mantiene que el informe de las médicos forenses ha de ser determinante a la hora de condenar a su patrocinado, ya que los especialistas han reconocido no sólo que el hombre es un enfermo mental, sino que además en el momento en el que se produjeron los hechos tenía sus facultades cognitivas y volitivas «anuladas». Por ello, reconoce que su cliente, como él mismo ha afirmado, cometió un homicidio, pero que la pena no puede ser mayor a tres años y diez meses de internamiento psiquiátrico.
DECLARACIÓN DE LOS HIJOS
Los hijos declararon el pasado lunes en la Audiencia de Granada, donde aseguraron que temían que su padre se suicidara y que nunca sospecharon que podía acabar con la vida de nadie, menos con la de su esposa. Cinco de ellos afirmaron que su padre estaba enfermo y que el psiquiatra le había prescrito una medicación que él no se tomaba, por lo que temían fatales consecuencias, como que se quitara la vida. Su padre, dijeron, no era un hombre violento y nunca había agredido a nadie ni amenazado a su madre, por lo que nunca imaginaron que pudiera matarla.
Durante la primera sesión, el procesado reconoció haber matado a su esposa aunque dijo que se le fue «la cabeza» y que no sabe por qué lo hizo. Según explicó, aquel día su mujer iba a salir a la calle cuando comenzaron una discusión, tras lo que ella le dijo que la matara. «Yo le dije entonces que quien se iba a matar era yo y me puse una pistola en la cabeza. Ella empezó a gritar y me pedía que no me disparase, y entonces le disparé», relató.
El hombre tenía el arma guardada en el palomar de su vivienda, y allí había permanecido una década «para que no la encontraran los niños», y apenas una semana antes de lo ocurrido la había sacado de allí «para limpiarla». Según aseguró, su familia quería por aquel entonces que se tomara una medicación que lo dejaba «tonto» y se echaba en la comida, por lo que él decidió comer muchos días fuera para evitarlo.
Él, según recordó, llevaba casado con su mujer «cincuenta y tantos años» y «nunca» la había «amenazado», aunque, según afirmó, desconfiaba de ella desde hacía años y pensaba que le era infiel. De hecho, puso varios cerrojos en la vivienda porque tenía «susto» de que el hombre con el que ella estaba, según él creía, podía llegar de noche para matarlo.
«Ese día se me fue la cabeza. Yo no soy capaz de matar a nadie», dijo el procesado, que lleva ya dos años en prisión, en la que ingresó de manera preventiva tras cometer el crimen. Tras disparar a su mujer se fue «corriendo» a avisar a un vecino y, como no le contestaba, se marchó a un bar cercano, y levantó a su propietario, al que le pidió que llamara a su hijo y a la Guardia Civil, a la que confesó lo que había hecho y dónde estaba el arma utilizada.
Los hechos ocurrieron el 3 de abril de 2009, en torno a las 7,30 horas, cuando el hombre, que se encontraba con su mujer en su domicilio, en la calle Caid Al Mandarí de Píñar, comenzó a importunarla ya que quería saber quién iba a acompañarla esa mañana en una salida que pensaba realizar. El acusado le reprochaba, al igual que en anteriores ocasiones según el fiscal, «que seguramente iría acompañada de otro hombre con el que le estaba siendo infiel».
Tras ese reproche, el marido se dirigió a una nave próxima a su vivienda donde guardaba una pistola semiautomática, con la que fue de nuevo al domicilio. Estando en él y mientras su mujer se encontraba en el salón de la casa, el hombre se situó a escasa distancia de ella y «con el evidente propósito de causarle la muerte» y «sin que ella pudiese en forma alguna defenderse» realizó tres disparos consecutivos contra su mujer.
Está previsto que este jueves el presidente del tribunal, magistrado de la Sección Segunda, entregue el objeto del veredicto al jurado, que deberá entonces de recluirse para deliberar. La resolución de culpabilidad o no culpabilidad podrá alcanzarse en la jornada del mismo jueves o ya el viernes, según las fuentes consultadas.

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