GRANADA, 17 (EUROPA PRESS)
La Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura no podrá conceder por ahora la declaración como «lugar de memoria» a la tapia del cementerio de San José de Granada, donde fueron fusiladas más de 3.900 personas durante la Guerra Civil, y estudia cuál es la mejor figura de protección posible, entretanto no se apruebe el desarrollo de la Ley de la Memoria Histórica.
Así lo ha señalado a Europa Press el delegado provincial de Cultura en Granada, Pedro Benzal, quien aseguró que la Consejería «no está de manos cruzadas» y está trabajando para que el lugar pueda ser conservado de la mejor manera posible, ya que la normativa no contempla actualmente la protección de «lugar de memoria», aunque éste se haya incluido dentro del borrador del desarrollo de la ley mencionada.
Mientras esa declaración no llegue, señaló el delegado, el alcalde de Granada, José Torres Hurtado (PP) «debería hacer un esfuerzo por ser respetuoso con los familiares y asociaciones de memoria que hacen homenajes a los fallecidos en el cementerio», y evite retirar del muro ramos de flores o placas en recuerdo de los fusilados, como ya hiciera el Ayuntamiento hace un año, concretamente a finales del mes de julio.
Precisamente el próximo martes hay programado un homenaje a las víctimas del franquismo en la tapia, convocado por la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica. Los familiares de algunos de los fusilados llevarán flores y volverán a colocar un placa en un acto en el que además se hará una lectura de poemas y cartas de despedida escritas por los presos republicanos antes de ser fusilados.
La Delegación de Cultura remitió hace unas semanas a Bienes Culturales un informe recomendando la protección de la tapia, después de que la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (AGRMH) documentara que en ella fueron fusiladas 3.970 víctimas, en un informe que le fue entregado a Benzal el pasado 26 de mayo.
Del total de víctimas documentadas, 594 se enterraron en el camposanto granadino como desconocidas, sin nombre y apellidos, sólo con referencias al sexo y la edad, según los datos recogidos por el historiador y vicepresidente de la asociación, Rafael Gil Bracero, fundamentalmente del Registro Civil de Granada, pero también de los consejos de guerra, diligencias militares y de archivos locales. El 90 por ciento de los fusilados lo fueron en años de guerra, entre 1936 y 1939, si bien se registraron más muertes en la tapia en el año 1956, fecha en la que está documentada la última víctima.
DOCUMENTACIÓN «ESQUILMADA» O «DESTRUIDA»
En la entrega del listado, Gil Bracero insistió en que probablemente en el cementerio fueron fusiladas muchas más personas de las que hoy se tiene constancia, puesto que la documentación al respecto, como los libros de enterramiento, ha sido «esquilmada» o «destruida».
La intención de la asociación con la aportación a Cultura del informe histórico entregado, según explicó a los periodistas su presidenta, Maribel Brenes, es que la Junta de Andalucía proteja por un lado el muro del cementerio, donde aún pueden verse los disparos de las armas del pelotón de fusilamiento, y, por otro, se recuerden los nombres de las víctimas, dentro de los propios muros del camposanto, descartándose la exhumación de los casi 4.000 fusilados en el lugar.
Se pretende así que «la sociedad granadina» haga un «esfuerzo» para dignificar el muro y a las personas que en él fueron fusiladas «para que ese luto suspendido pueda tener la paz que se le negó», agregó por su parte Gil Bracero.
Una de estas víctimas fue el concejal socialista Juan Fernández Rosillo, de la corporación municipal del 1936 de la que era alcalde el también fusilado Manuel Fernández-Montesinos. Gabriel Fernández Valladares, su hijo, que ya tiene 80 años, relató el pasado 26 de mayo que su familia lleva muchos años de «silencio» y tuvo que soportar la incautación de sus bienes porque su padre, según recogió el Boletín Oficial de la Provincia, era un «individuo culpable de actividades marxistas o rebeldes».
Gabriel conserva tres piezas dentarias de su padre, que su hermano arrancó de su cadáver cuando fue fusilado en el cementerio. «Un enterrador, al que llamaban el Borracheras, le dijo a mi madre dónde fue enterrado, y otro hombre, del pelotón de fusilamiento, que había sido compañero de mi padre como impresor, también dijo dónde se encontraba», explicó Gabriel, que ha tenido toda su vida la «ilusión» de poder dignificar el nombre de su padre.

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