El acusado mantiene que no tenía una relación sentimental y que «sólo» se siente culpable «de no haber podido evitar su muerte»
GRANADA, 25 (EUROPA PRESS)
Los peritos constataron hoy que la asturiana Beatriz Ordóñez, que fue encontrada muerta en octubre de 2006 en una acequia de Vélez de Benaudalla (Granada), recibió un golpe en la cabeza con un objeto contundente, probablemente con un ladrillo o una piedra, y que después cayó o fue arrojada al vacío, en estado de inconsciencia o semiinconsciencia, precipitándose por una presa de 49 metros de altura, viva y desnuda.
En la segunda y última sesión del juicio que se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Granada por su supuesto asesinato a manos del que era su entonces su pareja sentimental, José Miguel H.G., según las acusaciones, la Fiscalía ha mantenido su petición de 30 años de prisión para éste, por un delito de asesinato y otro de agresión sexual con la agravante de aprovechar circunstancias de lugar, tiempo o auxilio de otras personas.
También la acusación particular, que ejerce la familia de la víctima, ha hecho hoy definitiva su solicitud de pena inicial, fijada para el procesado en 35 años de cárcel. Asimismo, el Ministerio Público reclama para los herederos de la mujer, natural de Sama de Langreo, un total de 240.000 euros en concepto de responsabilidad civil. La defensa, por su parte, ha seguido sosteniendo que la mujer se suicidó, por lo que procedería la libre absolución del inculpado.
La sesión de hoy, que ha dejado el juicio visto para sentencia, comenzó con la declaración de dos peritos forenses, entre ellos el antropólogo forense Miguel Botella, que explicaron que Beatriz sufrió dos traumatismos craneoencefálicos. El primero se produjo a consecuencia del impacto de un objeto contundente, como un ladrillo o una piedra, en la parte superior de la cabeza, según los expertos, que descartaron que éste fuera provocado por una caída.
Este primer golpe pudo ya de por sí provocar la muerte a la asturiana, que perdió el conocimiento. El segundo traumatismo si lo ocasionó la caída, produciendo el estallido del cráneo de la víctima.
Los guardias civiles que hicieron la inspección ocular de la zona donde fue encontrado el cuerpo sin vida de la mujer tan sólo dos días después de su fallecimiento indicaron que la asturiana tenía marcas de haber sido arrastrada y la huella de un zapato o una bota en la espalda, probablemente producida al intentar alguien inmovilizarla. Fue encontrada totalmente desnuda, con tan sólo un sujetador, y el resto de su ropa –un pantalón vaquero, una camisa, una chaqueta y unas bragas– fue hallada en un rastreo subacuático posterior.
LA ROPA PRESENTABA SIGNOS DE HABER SIDO ARRANCADA
Según los agentes, la acción del agua de la poza en la que probablemente cayó en un primer lugar no pudo quitarle la ropa a la mujer, porque de hecho el pantalón tenía una de las perneras vuelta del revés, por lo que «seguro» que cayó o fue arrojada a la presa desnuda desde la barandilla, donde también se encontraron gotas de sangre de la víctima. Además, tanto el pantalón como la camisa presentaban signos de haber sido arrancados.
Los guardias civiles también encontraron en el agua un zapato, una medalla con el nombre de Beatriz, un pendiente, fragmentos de su cráneo y su cartera sin ninguna documentación, que luego, en una inspección del vehículo del acusado, fue hallada escondida debajo de la rueda de repuesto.
Por otro lado, en el lugar de impacto del cuerpo «no había ningún saliente» que pudiera haber provocado el primer traumatismo mencionado, según señalaron los agentes que inspeccionaron el repartidor de Cañizares, donde se encontró el cadáver. Según consideraron los agentes, si hubieran pasado más días de la muerte que los que pasaron cuando fue encontrado el cuerpo, éste podría haberse perdido en las acequias subterráneas de la zona, sin que «nunca» hubiera sido descubierto.
En la lectura de su informe final, la fiscal consideró que, tras las pruebas practicadas en el juicio, ha quedado «claro» que Beatriz y el procesado tenían una relación sentimental desde hacía años, ya que compartían una cuenta corriente, se iban de viaje juntos, y ella le había regalado a él su vehículo. También cree acreditado el Ministerio Público que Beatriz fue violada y asesinada por la que entonces era su pareja, probablemente porque ella estaba «harta» de que la utilizara y que José Miguel no le hablara de su relación a su esposa.
La acusación particular, que ejerce el letrado Antonio Fernández-Mazzola, recordó hoy que «la casualidad» quiso que la primera sesión del juicio, el pasado 18 de junio, fuera precisamente el día en que Beatriz hubiera cumplido 44 años. Además, ahondó en las coincidencias entre la muerte de Beatriz y la de otra mujer cuyo cadáver fue encontrado en la bañera de su casa en una localidad almeriense, con quien José Miguel H.G. también mantenía una relación extramatrimonial.
La defensa insistió en su postura acerca del suicidio de Beatriz, que había sufrido una depresión hacía dos años, y apuntó que no existen «evidencias» de que la mujer fuera agredida sexualmente antes de morir. A entender del letrado del acusado, todo pudo pasar como relatan la Fiscalía y la acusación particular, pero también como asegura su representado, por lo que, existiendo la duda, procede la libre absolución.
En el ejercicio de su derecho a la última palabra, José Miguel H.G., de 47 años y natural de la localidad asturiana de El Entrego-San Martín del Rey Aurelio, volvió a decir que no mantenía más que una relación de amistad con Beatriz y que «sólo» se siente «culpable» de no haber podido «evitar» su muerte.

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