Fiscalía mantiene su petición de diez años de cárcel y la defensa cree que sólo debe cumplir dos por atenuante de embriaguez y arrebato
GRANADA, 26 (EUROPA PRESS)
El acusado de ser el autor del incendio registrado hace dos años en la calle Darrillo de la Magdalena, en la capital granadina, que costó la vida a tres jóvenes, también implicados, dijo hoy que lo hizo para darle un «susto» y un «escarmiento» a su cuñado, al que culpaba de haber maltratado a su hermanastra.
El joven, que se enfrenta a una petición fiscal de diez años de prisión por un delito de incendio, fue hoy juzgado por estos hechos en la Sección Primera de la Audiencia de Granada, donde relató al tribunal cómo se sucedieron los acontecimientos el pasado 29 de julio de 2007. Según explicó Antonio Manuel S.M., que entonces tenía 18 años, aquel día llamó a sus amigos para quedar y les dijo que su cuñado, que vivía en el domicilio siniestrado, «había pegado» a su hermana, por lo que acordaron darle un «susto».
Así, estuvieron en un restaurante chino de Pedro Antonio de Alarcón, en la Glorieta de Arabial y en otro bar más, lugares en los que ingirieron bastante alcohol, concretamente «tintos de verano». Sobre las 1,15 horas se dirigieron «bebidos» hasta la calle mencionada el procesado, que llevaba una bolsa con gasolina que había cogido previamente de su casa, y otros cuatro jóvenes –dos menores de edad– y, al encontrarse la puerta del portal cerrada, uno de ellos la forzó de una patada.
Subieron entonces a la planta segunda y en la entrada del piso del cuñado del joven se derramó algo de líquido combustible. Entonces se fue la luz y Antonio Manuel prendió un mechero, momento en el que las llamas se expandieron al contacto con la gasolina afectando a todos los implicados. Consiguieron salvar la vida el propio acusado –que tuvo posteriormente que ser intervenido por sus quemaduras hasta en 20 ocasiones– y otro joven más, entonces menor de edad.
Éste último, Plácido A.G., que tenía en ese momento 16 años, dijo hoy al tribunal que conocía que su amigo tenía «malas relaciones» con su cuñado, porque éste maltrataba a su hermanastra, si bien precisó que él no tenía nada en su contra. Según mantuvo, el grupo decidió «voluntariamente» ayudarle para asustar al cuñado, si bien no precisaron hasta el momento de los hechos lo que iban a hacer.
Plácido se quedó en el rellano de la vivienda, según señaló, y delante de él iban los otros cuatro. Entonces, cuando vio las llamas, salió corriendo del lugar, acompañándole el acusado. Después fue a contarle lo ocurrido a sus padres, que avisaron a la Policía de que su hijo sufría varias quemaduras.
EL EX CUÑADO, DENUNCIADO POR MALOS TRATOS
En el juicio de hoy, que ha quedado visto para sentencia, declaró además como testigo el ya ex cuñado del acusado, quien indicó que el día del incendio estaba durmiendo en su casa. Según aseguró, el muchacho le había robado 500 euros de su piso por lo que habían discutido esa mañana. «Estábamos disgustados», mantuvo el ex cuñado, que dijo desconocer que el joven le había prendido fuego a su casa como un «escarmiento» por pegar a su hermana aunque reconoció haber sido denunciado por su ex pareja por malos tratos.
De hecho, la hermanastra del acusado apuntó hoy en la sala que tiene escolta policial y que su agresor tiene en vigor una orden de alejamiento. Ésta explicó que el día anterior a lo ocurrido tuvo que marcharse «en pijama» y con su bebé de dos años del domicilio que compartía con su pareja a la casa de sus padres al haber sido amenazada por él. Sin embargo su compañero sentimental la siguió y profirió varios insultos contra su padre, levantando también a su hermano –el procesado– de la cama. «Mi pareja me insultaba siempre y llevaba años montándome circos», aseguró.
También comparecieron en la sesión de hoy varias testigos del incendio, que pudieron ver cómo, al registrarse una explosión en el domicilio de Darrillo de la Magdalena, dos jóvenes huyeron corriendo del lugar y que otro más –que finalmente murió– salió del lugar en llamas. Los forenses corroboraron que los tres jóvenes fallecidos murieron a consecuencia de las quemaduras de segundo y tercer grado que padecieron.
También testificaron los agentes encargados de la inspección ocular del domicilio, que señalaron que las llamas ennegrecieron la vivienda desde el portal hasta la segunda planta, sin alcanzar el resto de las cuatro plantas del edificio. Además, las paredes tenían «restregones» y restos de sangre.
EL FISCAL CREE QUE ESTUVO MOVIDO POR «ÁNIMO DE VENGANZA»
El fiscal, que ha mantenido en sus conclusiones definitivas su petición inicial de diez años de prisión para el inculpado, así como el pago de una indemnización a la comunidad de propietarios de la finca siniestrada de 4.508,81 euros, consideró en su informe que el joven actuó «movido por un ánimo de venganza» por unos motivos que no pueden «justificar» lo que ocurrió. No se ha probado que estuviera entonces afectado por la ingesta de bebidas alcohólicas, ni por un estado pasional de arrebato, puesto que había programado sus actos con «frialdad de ánimo» a lo largo de todo el día.
La «gravedad» de su conducta, según sostuvo el Ministerio Público, puso además en «evidente riesgo» la vida de otras personas, habida cuenta de que el edificio está ubicado en una zona «muy poblada» de la capital granadina y con otros colindantes.
Por contra, la defensa, modificó sus conclusiones solicitando para el acusado la pena de dos años de prisión por un delito de incendio y con la eximente incompleta de embriaguez o circunstancia atenuante de ingesta de bebidas alcohólicas, así como el arrebato o estado pasional. Según expuso el letrado, la calificación jurídica de lo ocurrido no puede venir determinada por su «trágico resultado». Se ha de tener en cuenta que lo que pasó fue un «error que se les escapó de las manos y que se les volvió contra ellos mismos», puesto que derivó en la muerte de tres de los cinco implicados.
Además, esa noche habían bebido y el acusado concretamente llevaba toda la tarde-noche insistiendo en dar un «escarmiento» a su cuñado, «obcecado» y «alterado profundamente» por lo que había sucedido sólo un día antes. Hubo, a juicio del abogado, «un estímulo exterior, poderoso e intenso» en lo ocurrido, que no revistió «un riego de importancia» para otras personas y que fue consecuencia de una «tremenda negligencia».
El joven, en libertad provisional, no hizo uso de su derecho a la última palabra y estuvo acompañado por sus padres y familiares, que lo arroparon con su presencia y abrazaron a la salida del juicio.

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