GRANADA, 19 (EUROPA PRESS)
La Asociación El Defensor del Paciente ha solicitado a través de una carta a la consejera de Salud, María Jesús Montero, «depuración de responsabilidades» en el caso de un bebé de cinco meses que supuestamente recibió un trato vejatorio por parte de varias enfermeras del Hospital de Baza (Granada).
En el documento remitido, la asociación señala además que con el comportamiento de las enfermeras, que no dejaron a la madre entrar en la misma sala donde su hija estaba siendo atendida, pudo incumplirse la Ley de Autonomía del Paciente, «donde queda muy claro que los menores deben estar acompañados por sus padres exceptuando una UCI o un quirófano».
Fue la propia madre la que se dirigió a la asociación para ser informada de sus derechos y sobre cómo presentar una queja al personal sanitario que asistió a la niña. En su relato, que El Defensor del Paciente adjunta a la nota enviada a la Consejería, la progenitora explica que su bebé ingresó la pasada semana en la unidad de Urgencias del Hospital General de Baza con fiebre por una infección de orina.
Tras pasar a planta, el médico pediatra le asegura que, al ser tan pequeña, la niña debe ser tratada por vía intravenosa. En el momento en el se le tiene que colocar una vía a la niña, se le prohíbe a la madre poder estar con ella, a pesar de que no paraba de llorar. Son varias las enfermeras que entran y salen de la sala donde se encuentra la pequeña, a la que llegan a «tapar la boca» en alguna ocasión.
Una de las profesionales, que no dejan a entrar a la mujer a pesar de sus reiteradas peticiones, llega a decir a la progenitora, según su relato, que «haga el favor de tranquilizarme, que no pasa nada, que la niña es muy llorona y que todavía no han podido ponerle la vía porque no se está quieta».
«Cuanto más lloraba la niña, más empeño ponían ellas y más ciegas estaban. En ningún momento les escuché calmar a la niña, sólo quejarse de que no le encontraban la vena y le tapaban la boca», explica la madre, quien logró finalmente entrar después de una hora y cuarto, cuando encontró a su bebé «fatal, con los brazos morados y con sangre y la carita descompuesta, los ojos hundidos de tanto llorar, el corazón a mil y con un total de once pinchazos».
Al día siguiente volvió al hospital para que una enfermera volviera a intentar el mismo mecanismo. Esta última profesional sí dejó entrar a padre y madre a la sala, por lo que la niña estaba calmada y pudo ser finalmente tratada. La madre quiere por estas razones quejarse de las enfermeras del turno del día anterior porque, según sostiene, hicieron pasar a su hija «una hora y cuarto traumática».

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