GRANADA, 06 (EUROPA PRESS)
El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha ordenado a la Audiencia de Granada que dicte una nueva sentencia sobre el asesinato por el que fue condenado a 20 años de prisión un empresario, El Mostafá N., que apuñaló al propietario de la nave que tenía alquilada para su empresa de productos cárnicos, en Chimeneas (Granada).
El Alto Tribunal andaluz estima parcialmente el recurso de apelación presentado por la defensa, al entender, tal y como pidió la parte recurrente, que, en el momento de la redacción de la sentencia, la magistrada-presidenta del tribunal del jurado que enjuició al procesado consideró como hecho probado que el empresario mantuvo una «fuerte discusión» con la víctima, circunstancia que se desestimó en el veredicto.
En ese supuesto, la Sala considera que se está ante un «claro» quebrantamiento de «normas y garantías» procesales determinantes de indefensión, al haberse incluido en el «factum» de la sentencia un hecho calificado como «desfavorable» en el objeto del veredicto, lo que además, constituye una «vulneración» del derecho a la tutela judicial efectiva, al conculcarse la Ley del Jurado.
Según consta en el fallo del TSJA, al que tuvo acceso Europa Press, esta irregularidad no sólo puede subsanarse únicamente eliminando del relato de los hechos esa conclusión, puesto que ésta tiene una «incidencia» relevante en el resto del contenido y fundamentación jurídica de la sentencia, «cuya mera lectura revela, respecto de la concurrencia de la alevosía y la exclusión de la legítima defensa, la importancia que la magistrado-presidente confirió a unos hechos que no habían sido probados por el jurado».
La consecuencia de este error ha determinado así una sentencia fundada –en lo referente a la alevosía y la legítima defensa– un presupuesto equivocado, que ha obligado a su representación «a combatir la apreciación de la circunstancia de la alevosía sobre la doble y contradictoria base de la motivación del veredicto y la motivación de la sentencia, algo que no es «ni mucho menos intrascendente», pues la apreciación de la agravante «constituye uno de los puntos litigiosos más importantes de este procedimiento».
Así, concluye la Sala, la estimación del recurso no tiene como consecuencia la nulidad del juicio, sino la retroacción de las actuaciones al momento del dictado de la sentencia para que sea redactada de nuevo.
LA SENTENCIA DE LA AUDIENCIA
En la sentencia que en su día redactó la Audiencia, se obligaba al procesado, además de a cumplir una pena de 20 años de cárcel, a pagar una indemnización de 180.000 euros a la viuda del arrendador, Carmen Moles Pérez, que ejercía la acusación particular.
Se consideraba como hechos probados que el 21 de marzo de 2007, sobre las 14,00 horas, el procesado había quedado citado en la nave de productos cárnicos «Grupo Saha Halal Al-Ándalus», en la localidad de Chimeneas, con Javier R.C., arrendador de la nave, para tratar de asuntos relativos al negocio, cita a la que Javier llegó sobre las 14,45 horas.
Una vez en el lugar, se inició entre ambos una fuerte discusión en el transcurso de la cual se empujaron mutuamente y Javier llegó a golpear en la rodilla a El Mostafá. En un momento de la discusión, según señalaba la magistrada-presidenta del tribunal del jurado en la resolución, de forma «imprevista» e «inesperada», el enjuiciado cogió un cuchillo de los utilizados en el negocio de la carnicería que había en el lugar y, con la intención de acaba con la vida de Javier, empezó a propinarle hasta 14 puñaladas que le provocaron la muerte por shock hipovolémico.
El número de puñaladas, unido a la violencia con la cual las dio y a las partes del cuerpo sobre las que impactaron, tenían como finalidad, según consta en la sentencia, hacer padecer a Javier «sufrimientos que no eran precisos para conseguir su muerte».
Tras este apuñalamiento, y sin prestar ayuda inmediata a su víctima, El Mostafá se presentó en el cuartel de la Policía Local de Santa Fe, donde manifestó que había apuñalado a una persona y el lugar donde ésta se encontraba. Javier tenía 30 años en el momento de su fallecimiento, y estaba casado con Carmen Moles Pérez.
Durante su declaración y en el uso de su derecho a la última palabra, El Mostafá N. pidió perdón a Alá y también a la familia de su víctima, si bien la viuda no aceptó ese arrepentimiento y le increpó que no podía «lavarse las manos como Poncio Pilatos».

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