GRANADA, 15 (EUROPA PRESS)
La Audiencia de Granada acogió hoy el juicio contra un joven inglés que se enfrenta a 13 años de cárcel por la supuesta agresión sexual a una anciana de 77 en la localidad granadina de Montefrío el pasado 27 de enero de 2008.
Según el relato fiscal, el joven accedió a la casa de su víctima a través de una ventana, se dirigió al dormitorio donde se encontraba, le pegó en varias ocasiones y le introdujo los dedos en la vagina, por lo que se le acusa de un delito de agresión sexual, por el que además, según la petición del Ministerio Público, deberá indemnizar en 12.000 euros a la anciana por el daño moral sufrido.
Antes de dar comienzo la vista, el presidente del tribunal tuvo que desalojar de la sala a los familiares de la mujer, de etnia gitana, puesto que comenzaron a increpar e insultar al supuesto agresor, que llegó custodiado por cuatro agentes de la Guardia Civil.
El joven, Stephan B., que lleva cinco años viviendo en España, aseguró en su comparecencia no conocer ni de vista a la anciana, en cuya vivienda dijo no haber estado nunca ni conocer dónde se sitúa. Según explicó, el día de los hechos enjuiciados, salió del mesón en el que trabajaba para dirigirse a un concierto, al que fue con dos compañeros.
Allí bebió mucho, hasta seis o siete whiskys, y estuvo bailando con una chica a la que había conocido en el lugar. Tras finalizar el concierto, sobre las siete de la mañana según afirmó, se fue hasta su casa, pero, en el camino, fue asaltado por tres individuos que le robaron la chaqueta, en la que llevaba el móvil y algo de dinero.
Al día siguiente no recordaba nada de lo sucedido, algo que le ocurría en las ocasiones en las que hacía grandes ingestas de alcohol, pero después, al pasar los días, y después de haber prestado declaración ante el juez, consiguió recobrar la memoria, que le había quedado bloqueada por el shock y el estrés que sufrió cuando fue detenido.
DESALOJADOS DE LA SALA
De la anciana supuestamente agredida mantuvo que, por lo que le han contado sus amigos, se trata de una conocida traficante de droga, momento tras el que otros dos conocidos de la señora hicieron comentarios, por lo que fueron también desalojados por el presidente.
La mujer, Custodia J.O., declaró ante la Sala que el 27 de enero regresó a su casa sobre las cinco de la madrugada tras la celebración de una boda. Poco después, y tras comprobar que las puertas de la vivienda estaban cerradas, alguien encendió la luz. Ella creyó que se trataba de alguno de sus nietos pero, al preguntarle quién era, el agresor le dijo «Soy yo, que he venido a dormir». Acto seguido, según su relato, le hizo toda clase de «perrerías».
Según dijo, la tiró al suelo agarrándola por el pelo, le dio varios golpes, y le quitó la ropa interior penetrándola con los dedos en la vagina. «Si tienes empeño de matarme, hazme el favor de matarme ya», le señaló la anciana al que le estaba agrediendo, del que no se percató si olía o no a alcohol.
Ella creyó que el joven había entrado por el balcón, ya que, según aseguró, estaba abierto. Tras la agresión avisó a una vecina, se trasladó a un centro médico y denunció los hechos ante la Guardia Civil. Un sobrino o un nieto suyo encontró el móvil que después resultó ser de Stephan en el dormitorio de la anciana.
Sin embargo, cuando el presidente del tribunal le pidió a la supuesta víctima que inspeccionara la sala de la Sección Segunda donde se desarrolló el juicio, no supo decir a la primera que el que se sentaba en el banquillo era el que la agredió el pasado año.
NO SUPO IDENTIFICARLO COMO EL AGRESOR A LA PRIMERA
Se dirigió al público y llegó a pararse delante de un joven, pero no supo identificar a Stephan como el agresor hasta que el presidente le preguntó si podría tratarse del hoy acusado. Entonces dijo que «para mí que era más rubio», para después afirmar rotundamente que sí que fue él.
Los forenses señalaron que la mujer sufría hematomas y dos erosiones en la vagina, que podrían haberse producido por una agresión. Los guardias civiles que participaron en la instrucción apuntaron por su parte que encontraron dos botones que coincidieron con los de la camisa de camarero que se utilizaba en el mesón donde trabajaba Stephan.
Los agentes no tomaron huellas ni restos biológicos, n observaron restos de sangre en el casa, ni pisadas en la ventana, ni indicios de que alguien hubiera forzado la ventana de la vivienda.
La fiscal sostuvo en la exposición de su informe final que existen contradicciones en las declaraciones del inglés desde que se inició la instrucción, algo que, según mantuvo, se contrapone a la contundencia y reiteración de los hechos del testimonio de la víctima.
Por su parte, la abogada defensora consideró que los hechos que hoy se enjuician rompen las normas de toda lógica, ya que no se entiende que un joven de 19 años saltara por una ventana para agredir a una mujer mayor con el único objetivo de esa agresión. También criticó que sólo porque se encontrara el móvil en la casa de la víctima el joven inglés lleve un año en prisión provisional, por un hecho que no cometió.
En el uso de su derecho a la última palabra, Stephan, que rompió a llorar, dijo que nunca ha cometido un delito del tipo del que se le acusa, que él es muy trabajador y que ama a su familia. Al quedar visto para sentencia el juicio, salió de la sala esposado y pidió a los agentes que lo custodiaban que le dejaran abrazar a su madre. Ella le dio el abrazo y le preguntó cómo se encontraba.

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