GRANADA, 19 (EUROPA PRESS)
El Juzgado de lo Penal 3 de Granada ha condenado a cinco años de cárcel a una joven de 27 años por dar palizas y quemar con cigarros a sus dos hijos, como autora de dos delitos de maltrato habitual y otros dos de lesiones en el ámbito familiar, de los que se considera cómplice a su pareja, que deberá cumplir dos años y medio en prisión.
Cada uno de los procesados, padres de los niños, que entonces tenían dos y cuatro años, han sido además inhabilitados para el ejercicio de la patria potestad durante 20 años y se les prohíbe acercarse o comunicarse con los niños.
En el fallo judicial, al que tuvo acceso Europa Press, se considera probado que los hechos sucedieron al menos en el segundo semestre de 2005, cuando los acusados estaban vinculados sentimentalmente y tenían dos hijos menores.
Dolores G.B., con el conocimiento de su pareja, Manuel R.F., sometía a sus dos hijos a continuo trato cruel, sin que éstos recibieran ninguna atención médica por las lesiones ocasionadas. En los primeros días del mes de diciembre de 2005, los menores recibieron varias palizas de la procesada con el conocimiento de su pareja, propinadas «impune e indolentemente», dada la «nula reacción o capacidad defensiva» de los niños, según se señala en la sentencia, que hoy avanza el diario «Granada Hoy».
Según señala el juez, los menores estaba «habituados» a actitudes «sumisas» ante situaciones «de abuso parental» mediante el empleo directo de puños y manos, palos o estacas, cinturones «a modo de flagelos» e incluso cigarros o cigarrillos para inflingirles quemaduras cutáneas.
Una de estas palizas, la de la tarde del 25 de diciembre, provocó que la hija ingresara con carácter de urgencia en el Hospital Clínico de Granada, donde además se exploró a su hermano, que también fue atendido e ingresado cuatro días después tras observársele hematomas por todo el cuerpo.
La menor ingresó con el rostro «completamente deformado» y fue atendida por hematomas múltiples y lesiones traumáticas, algunas por quemaduras. Los dos hermanos, se precisa en la sentencia, sufrieron además secuelas psicológicas, como trastorno de sueño y apetito, ansiedad e irritabilidad extremas. Ambos se encuentran en régimen de acogimiento por su situación de desamparo, declarada el 29 de diciembre de 2005.

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