GRANADA, 5 (EUROPA PRESS)
La Audiencia de Granada ha condenado a una pena de seis años de cárcel a un hombre de 33 años acusado de propinar dos cuchilladas a otro tras una discusión en el exterior de una discoteca de Pitres-La Taha (Granada).
Asimismo, José Manuel M.J., de profesión albañil, deberá indemnizar a su víctima en 12.000 euros por las secuelas y lesiones sufridas y también al Servicio Andaluz de Salud y a la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias (061) en la cantidad que se acredite en ejecución de sentencia por los gastos derivados de la asistencia sanitaria prestada.
En la sentencia, a la que tuvo acceso Europa Press, la Sección Primera declara expresamente probado que el 15 de agosto de 2004, sobre las 6,30 horas, el procesado y Alfonso J.F. se encontraban en el exterior de una discoteca, situada en la localidad de Pitres-La Tahá.
Allí iniciaron una discusión en el transcurso de la cual el procesado propinó dos navajazos al segundo, uno en el tórax y otro en la zona inguinal izquierda, causándole heridas de cuatro y 15 centímetros, que precisaron para su curación una primera asistencia facultativa, traslado al Hospital de Granada con carácter de urgencia vital y tratamiento médico quirúrgico, tardando en curar 73 días, todos ellos impeditivos, y 16 días de hospitalización, con varias cicatrices de secuela.
El acusado había ingerido bebidas alcohólicas que afectaron de manera leve a sus facultades volitivas e intelectivas, por lo que el tribunal no considera la eximente incompleta de embriaguez que solicitaba la defensa, que además pedía la de legítima defensa, que tampoco ha estimado la Sala.
La Sala considera que los hechos son constitutivos de un delito de homicidio en grado de tentativa acabada, puesto que en el presente caso han concurrido una serie de circunstancias «que demuestran de una forma inequívoca que la verdadera intención del procesado era la de matar a su víctima».
Para el tribunal, es «obvio» que las características del arma empleada y la zona corporal a la que dirigió los golpes, además del modo de comportarse del inculpado antes y durante la acción, «son reveladoras e la natural representación homicida de los efectos de su conducta».

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