GRANADA, 04 (EUROPA PRESS)
El grupo de arqueólogos y forenses desplazados hasta el cementerio de Moraleda de Zafayona (Granada) halló esta tarde las primeras pruebas de la existencia de la fosa común donde supuestamente descansan los restos de dos guerrilleros asesinados en 1950 por el ejército franquista.
Según explicó el vicepresidente de la Asociación estatal Para la Recuperación de la Memoria Histórica y supervisor de los trabajos, Santiago Macías, se han encontrado numerosas piedras en el segundo emplazamiento donde los expertos empezaron a excavar esta tarde, un indicio que coincide con la versión del vecino que en 1950 vivía en las cuevas que existen encima del camposanto y que vio cómo se desarrollaron los acontecimientos.
Según este vecino, los cadáveres fueron descubiertos por unos perros días después de ser enterrados, por lo que varios lugareños pusieron piedras encima para evitar que los canes los ultrajaran.
En este sentido, Macías recordó que «en un enterramiento normal los cadáveres se introducen en un ataúd y no se echan piedras», por lo que, según dijo, «puede que hayamos encontrado lo que buscábamos».
El grupo de expertos encontraron estas pruebas a última hora de la tarde, cuando había escasa luz, y con la presencia de las dos familias de los asesinados. Será a partir de las 11,00 horas de mañana cuando se reanuden los trabajos de excavación y se sepa con certeza si los restos de los dos guerrilleros se encuentran en este lugar.
Macías, que se mostró cauto ante la posibilidad de encontrar la citada fosa, explicó que en caso de ser así se comunicará al Juzgado de Loja ya que, aunque cuentan con el permiso del Ayuntamiento y la exhumación no está supeditada a la autorización judicial, prefieren hacerlo para informar de lo que se está haciendo.
La fosa alberga supuestamente los restos de Ricardo Moles, oriundo de Moraleda de Zafayona, y José García Muñoz, natural de Agrón, que pertenecían a la Agrupación Guerrillera de Málaga-Granada y que fueron sitiados en la en la cueva de la «Ahumada», en el paraje Cuevas del Turro del término municipal de Moraleda de Zafayona.
Ambos se encontraban ocultos en este lugar para mantener contacto con sus familiares y con varios enlaces de la guerrilla de la zona. La emboscada vino precedida tras la denuncia de un pastor contra el que abrieron fuego al confundirle con las fuerzas represivas. Minutos después, un contingente de guardias civiles y militares acabaron con sus vidas.

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