El pianista italiano Stefano Bollani se estrenó en el festival de Jazz de Granada en un concierto programado en principio a medias con Enrico Rava.
Tras la baja por enfermedad del trompetista, Bollani tuvo que traer rápidamente a su grupo I Visionari, una de las varias formaciones habituales que mantiene, y con la que ha grabado dos discos de los que salieron las piezas que interpretó en Granada. Bollani es un músico curiosísimo cuya enorme preparación técnica, cocimiento vastísimo de las músicas populares y cultas, unidos a un gran sentido del humor hacen que sus conciertos sean incomparables. Pertenece a esa generación de jóvenes músicos europeos que se siente igualmente identificado con el jazz americano, la música europea, el pop y las tradiciones populares, nutrientes que en cada momento pueden salir por cualquier lado y de cualquier forma. Sin absolutamente nada que ver con la hondura historicista del día anterior en el Festival, I visionari resultaron un quinteto más cercano al jazz creativo centroeuropeo de formación clásica. Movidos por la fantasía, las ocurrencias y la irreverencia de su pianista Bollani, e incluso partiendo del desconocimiento casi absoluto sobre su trabajo, el quionteto se metió al público directamente en el bolsillo arrancando los mayores aplausos en lo que va de Festival.
Se centraron más en su trabajo en directo de este año, «Omaggio alle Occasioni Perdute» inspirado en la realización de la banda de sonido de la película «Caos Calmo» de Antonello Grimaldi y grabado en directo; un material con el que le grupo se deja transportar hacia mundos de creatividad absoluta, sin darse límites tangibles en lo que respecta a estilos y modalidades expresivas, que cambian en cada canción y en cada minuto de fuentes y afluentes. Fue un concierto libre y sin mapa, en el que todo es imprevisible y está sujeto a la fantasía de las manos de Bollani. Así piezas que empiezan ortodoxamente pueden ir derivando en juguetes musicales e incluso auténticas bromas (y viceversa) sin que se sepa muy bien dónde está la solución de continuidad. En ocasiones auténticos gags humorísticos. El público, en buena parte ocupado por italianos residentes en Granada, entraron rápidamente al juego de parodias y autoparodias, contribuyendo a que la comunicación se moviera por lugares no necesariamente musicales, ni siquiera jazzísticos. «La Sicilia» y «Bambina» fueron dos de esas monumentales piezas río en las que vertiginosas intervenciones solistas fueron progresivamente dando pasó a momentos de comedia absurda ciertamente delirantes que divirtieron mucho a la audiencia. Pero si el chiste propiciaba la simpatía, no difuminaba para nada el interés por lo que sonó. «The Hamburg bogaloo» fue, casi al final, la introducción para una pieza improvisada en la que mostró sus dotes de cantante, de silbador y de caricaturista, partiendo en inspiración de la «Danza del fuego» para elaborar el motivo una despedida que puso al público de pie. Si esta vez ha sido solita por accidente, en su próxima visita al festival Granadino su concierto será uno de los más rápidos en vender sus entradas porque triunfó en toda regla. El Festival Internacional de Jazz de Granada organizado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Granada, Diputación de Granada, Cervezas Alhambra y Caja Granada con la colaboración de la Asociación GranadaJazz.

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