El pianista panameño Danilo Pérez junto el histórico saxofonista Lee Konitz abren la segunda semana de conciertos del Festival granadino.
El pianista panameño Danilo Pérez junto el histórico saxofonista Lee Konitz abren la segunda semana de conciertos del Festival granadino. Durante el resto de la semana pasarán también por el escenario del Teatro Isabel, sede del programa central del certamen, la cantante Lizz Wrigth el viernes 14, la legendario Dizzy GIllespie Orchestra el sábado 15 y el pianista italiano Stefano Bollani el domingo16. Jueves, 13 de noviembre
DANILO PÉREZ TRÍO CON LEE KONITZ
Danilo Pérez, piano
Ben Street, bajo
Adam Cruz, batería
Lee Konitz, saxoPor su posición geográfica, a Panamá se le conoce como «el Puente de las Américas», por ser el nexo de unión de dos grandes extensiones de tierra, el norte y el sur del territorio americano. La música del pianista y compositor Danilo Pérez parece un «puente» que conecta las influencias que han formado su visión musical: el jazz afroamericano y las influencias del folklore afropanameño, creando un estilo único y cautivador.
La carrera de Danilo tomó impulso por ser el miembro más joven de la Dizzy Gillespie»s United Nations Orchestra; haber tenido a Gillespie como mentor supuso para el joven pianista y compositor un excelente aprendizaje, y pronto definió su estilo jazzístico y formó su propio grupo, con el que recibió varias nominaciones a los Grammys. Miembro imprescindible de la banda de Wayne Shorter, su adaptabilidad a todos los contextos es una de las características del panameño, en formato big band -como deja patente en el disco Panama Suite (2008)- o en las orquestaciones de su reciente Across The Crystal Sea (2008), con la voz invitada de Cassandra Wilson. Un inusual e inédito encuentro jazzístico es el que nos proponen el imaginativo latinismo de Danilo Pérez y el sentimiento contenido de uno de los legítimos representantes del sonido de la Costa Oeste y del movimiento cool, Lee Konitz. La oportunidad de escuchar a uno de los grandes del saxo alto, inédito por aquí, no debe pasar desapercibida. Nacido en Chicago en 1927 y alumno de Lennie Tristano, Lee Konitz es uno de los escasos saxofonistas que no fueron afectados por el ciclón del bebop, manteniendo su propia personalidad sin ceder a la presión de Charlie Parker e incluso reaccionando en dirección opuesta. Su amplia formación y su versatilidad le han permitido moverse con soltura en ambientes tanto de vanguardia (Anthony Braxton, Elvin Jones, Jack de Jonette, Ornette Coleman, Charles Mingus, Petrucciani) como más clásicos (Stan Kenton, Dave Brubeck, Gerry Mulligan, Philly Joe Jones…), entre otras razones de tipo humano, porque es un músico al que le gusta compartir escenario. En su vida ya nada sería igual (ni para el jazz) tras haber formado parte en 1949 del Noneto Capitol, con el que registró, durante las sesiones de grabación dirigidas por Gil Evans con Miles Davis al frente, el famoso disco Birth Of the Cool. Miles recuerda en sus memorias que el sonido de Konitz fue el que dio carácter a ese disco, defendiéndole a capa y espada frente a las críticas que recibió por ser blanco. Su evolución posterior ha sido intensa, desde la delicada frescura de sus primeros años hacia una mayor corporeidad y robustez en el volumen, mientras su sintaxis se simplificaba hasta la abstracción. Very Cool, Alto Cool y Oleo son tres referencias discográficas ineludibles en su larga carrera.
Viernes, 14 de noviembre
LIZZ WRIGHT
Lizz Wright, voz
Chris Eddleton, batería
Nick D»Amato, bajo
Kenny Banks, piano y teclados
Brandon Ross, guitarras
«Algunas veces estoy en un lugar y siento algo muy dentro que me dice: aquí es donde empieza mi música. Y eso fue lo que sentí justamente mientras estaba apoyada en la cerca contemplando los campos de la casa de mi abuela en Hahira (Georgia). Fue como si el tiempo se detuviera, y pude sentir la tristeza de mis antepasados que trabajaron aquella huerta; ésa es la tierra de donde vengo y ahí es donde empieza todo para mí». Así se confesaba Lizz Wright en la presentación de su último disco The Orchard (La Huerta), en España. La banda sonora de la infancia de Wright en una pequeña comunidad rural del sur de Estados Unidos, donde cantaba en las iglesias.La joven que debutó con Salt (2003), disco producido por Tommy LaPiuma, presidente de Verve y leyenda de la industria discográfica, y reafirmó su talento en Dreaming Wide Awake (2005 ), ambos con sendos números uno en la Lista de Jazz Contemporáneo de Estados Unidos, regresa ahora con su tercer álbum para el sello Verve, un disco que crece cada vez que se escucha y que no contiene la música de usar y tirar a la que nos estamos acostumbrando. Es un disco de jazz, pero también de canción americana. The Orchard (2008) ha sido producido por Craig Street, un tótem de la escena de la vanguardia neoyorquina, productor también de Cassandra Wilson o K.D. Lang.

Gran admiradora de Abbey Lincoln (la disfrutamos en el Festival de Jazz de Granada) la cantante y activista en pro de los derechos de los afroamericanos, Lizz Wright reside en NuevaYork pero nació hace 28 años en una de las cunas del blues, Georgia, en el seno de una familia religiosa. Su padre era predicador y su madre cantaba gospel en la iglesia, como pronto harían ella y sus dos hermanos. Sus estudios de canto y piano la llevaron hasta Atlanta, Nueva York y Vancouver. A su regreso a la capital de Georgia, el eco despertado por su participación en el cuarteto vocal In the Spirit y en una gira de homenaje a Billie Holiday, propició su fichaje por el mítico sello Verve.Cantante de alma gospeliana, curtida en el jazz y el rhythm & blues, Lizz ha colaborado hasta la fecha en discos de Joel Sample, Amos Lee, Danilo Pérez, David Sanborn, Maximo Biolcati y Toots Thielemans, y ha participado en los recopilatorios Endless Highway: The Music of The Band y We All Love Ella. Celebrating the First Lady of Song.Como señalaba Stephen Holden, crítico de The New York Times: «…Wright posee una increíble madurez y elegancia. Sus interpretaciones rebosan, sin divagaciones, jazz, gospel y rithm&blues en un estilo reflexivo, fluido, meditativo y espiritual…»Sábado, 15 de noviembre
DIZZY GILLESPIE ALL STARS
Slide Hampton, trombón
James Moody, saxo tenor y flauta
Greg Gisbert, trompeta
John Lee, contrabajo
Cyrus Chestnut, piano
Vincent Ector, batería Dizzy Gillespie murió el 6 de enero de 1993. Apenas unos meses antes de fallecer celebró su 75 cumpleaños nada menos que tocando todas las noches durante cuatro semanas en el club Blue Note de Nueva York. Con él desapareció, no solamente un instrumentista extraordinario y un generador de encuentros y emociones, sino la última sonrisa del circuito del jazz, ya que su ingenio, dotes de showman y capacidad de distensión fueron rasgos tan característicos de su entrañable personalidad como las diabluras inalcanzables con su trompeta en erección: «yo toco como lo hago porque no soy capaz de hacerlo como Dizzy» confesó Miles Davis en una entrevista.

Con sus batracias mejillas, la trompeta curva (fruto de un accidente y luego adoptada como marca de la casa) y una sorprendente agilidad mental, fue un personaje que nunca pasaba desapercibido, con sus irreprimibles dotes de comediante. Gillespie dominaba también el scat y en ocasiones tocaba el piano y las percusiones latinas por pura diversión, pero fueron su ejecución en la trompeta y sus habilidades para liderar una banda y sacar lo mejor de su gente lo que hicieron de él un gigante del jazz. Sus ganas de vivir y su indestructible sentido del humor lo convirtieron en un faro de sensatez en unos momentos turbulentos en los que, a la vez que se estaba revolucionando el jazz cada noche, la heroína hacia estragos a su alrededor. Miles Davis, que lo consideraba su «padre», recordó en sus memorias las tormentosas noches en el Minton junto con Charlie Parker, su hermano del alma, su alter ego y la otra cara b de la misma moneda: «…uno pulía y lustraba su trompeta todos los días, el otro se olvidaba su saxo en el metro cada dos por tres e improvisaba maravillas luego con alguna lata abollada que le prestaban los amigos» -o un instrumento de plástico, como el saxo que le dejaron en Toronto tras empeñar el suyo para comprar drogas, y con el que grabaron Dizzy y él Jazz at Massey Hall, para algunos, como el desaparecido crítico Federico González, el mejor disco de bebop que se ha hecho nunca.

El éxito de Gillespie se basó en la combinación de los nuevos sonidos del bebop con un estilo muy lúdico y comunicativo, en el que desempeñaban un papel esencial los ritmos y melodías afrocubanos que él estableció como estándares para el jazz y que siempre le fascinaron por su riqueza rítmica. Gillespie vino en varias ocasiones al Festival de Granada, y asistió en 1990 a la presentación de la película basada en la novela El invierno en Lisboa de Antonio Muñoz Molina, en la que él participó. Tras pasar toda la mañana con el escritor, le preguntó que cuándo le iban a presentar a Antonio Muñoz Molina; nunca quedó claro si por despiste o haciendo gala de su surrealista humor. El concierto inaugural de este año incluye uno de los temas de la banda sonora de la película: «San Sebastián».Y como la vida da muchas vueltas, él, que aseguró haber tenido que renunciar a sus aventuras orquestales pensando en su esposa: «Estoy casado desde hace 31 años y no puedo imaginar perder el dinero que he logrado ahorrar hace poco y privar de él a mi mujer», es ahora objeto de homenaje por parte de una orquesta que su propia esposa ha montado en su recuerdo. Esta formación intergeneracional reúne a varias promociones de músicos de su entorno, todos solistas de largo recorrido. Por edad, el primero es el saxofonista y flautista James Moody, que se unió a la gran orquesta de Dizzy Gillespie en 1946 e intermitentemente le acompañó hasta el final, y de quien Dizzy dijo: «Tocar con James es como tocar con una prolongación de mí mismo». El trombonista Slide Hampton, director musical del grupo, se ha creado una gran reputación como arreglista o director artístico de la Motown, aunque también es un improvisador de talento que ha colaborado con Gillespie desde la década de 1960. A nadie dejará indiferente en esta formación la presencia del pianista Cyrus Chestnut (habitual de Wynton Marsalis y que tocó con Dizzy en 1990), la del bajista John Lee (estuvieron juntos entre 1984 y 1992), o la del estupendo batería Vincent Ector; a Greg Gisbert le toca el difícil papel de sustituir al maestro. Domingo, 16 de noviembre
STEFANO BOLLANI
Colabora: Instituto Italiano de Cultura
Stefano Bollani, pianoAunque no pertenecen a la misma generación, a Enrico Rava (Trieste, 1939) y Stefano Bollani (Milán, 1972) les une una relación de amistad muy especial, en la que Rava es además mentor y maestro. Tras cursar estudios clásicos en el Conservatorio de Florencia, Bollani se dedica exclusivamente al jazz y se integra en una nueva generación de jóvenes músicos europeos que se sienten igualmente identificados con el jazz americano, la música europea y las tradiciones populares. Deja su impronta personal en todo aquello que interpreta; es un personaje mediático en Italia, como escritor (La sindrome di Brontolo y L»America di Renato Carosone) y sobre todo, como compositor y pianista. Un músico imprescindible para el jazz contemporáneo que aplica a sus interpretaciones una pulida técnica sin dejar de lado su versatilidad y con un perfecto equilibrio entre melodías claramente delineadas y estructuras abiertas.Bollani ha colaborado con grandes músicos de jazz, como Richard Galliano, Gato Barbieri, Pat Metheny, Paolo Fresu o Enrico Rava, y ha interpretado su música en prestigiosos escenarios, como la Scala de Milán o el Town Hall de Nueva York. A pesar de su juventud, ha logrado reconocidos premios, entre ellos el prestigioso European Jazz Prize de 2007 (Rava lo obtuvo en 2002). Entre su discografía, brillan Smat Smat (Label Bleu, 2003), Piano Solo para el sello ECM, I visionari (Label Bleu, 2006) o Stefano Bollan – Carioca (Universal Music, 2008).

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