GRANADA, 30 (EUROPA PRESS)
La mujer de 84 años Antonia M.A., acusada de estafar a un hombre de 82 con demencia en la compra de una vivienda propiedad del anciano situada en Carchuna (Granada), que ella misma vendía como su apoderada, negó hoy haberle engañado en esta transacción y aseguró que la idea fue de él, con quien mantenía una relación sentimental.
El juicio, que se celebró en la Sección Primera de la Audiencia de Granada, ha quedado visto para sentencia tras elevar a definitivas sus conclusiones provisionales el fiscal, que solicitó una pena de un año y tres meses de prisión por un delito de estafa de especial gravedad por abuso de relaciones personales.
Por su parte, la acusación particular –que ejerce el hijo del anciano supuestamente estafado y ahora fallecido–ratificó su petición de cuatro años de prisión y una multa de 12 meses a razón de 12 euros diarios, así como la nulidad de la escritura, mientras que la defensa solicitó la libre absolución.
En su declaración, Antonia M.A. afirmó que mantenía una relación «íntima» con Rafael R.Z., al que conoció hace más de 15 años cuando era albañil y trabajaba con un hermano suyo e indicó que en 2004 –fecha en que se produjeron las transacciones por las que se la acusa de estafa– él estaba en «perfectas condiciones» y sólo sufría de la próstata.
Aseguró que fue idea de Rafael otorgarle los poderes para que pudiera vender libremente la vivienda propiedad del anciano y que éste la acompañó al notario tanto para este trámite como para formalizar la venta de la casa a ella misma, aunque, según dijo, en este último caso él no entró al despacho del notario porque sufría de la próstata y salió a tomarse una pastilla.
Indicó que los 27.500 euros por los que se vendió a sí misma la casa en 2004 –cuando el valor de mercado era de más de 100.000 euros– fueron fijados por el propio Rafael, que le dijo que le pedía «lo mismo que le había costado». Insistió, además, en varias ocasiones en que ella no sabe leer.
Respecto al pago de la vivienda, no aclaró durante su declaración si la pagó o no, aludiendo en este sentido a unas cantidades económicas, cuyo valor global no supo concretar, que le había dispensado para arreglar la casa habitual del anciano, situada en Pulianas, y porque «tenía mucha falta», razón por la que, dijo, también le dispensaba ropa.
Por su parte, la forense ratificó durante la vista oral el examen médico que hizo al anciano en abril de 2006, en el que revelaba que padecía una demencia que le suponía una afectación profunda de la personalidad, el conocimiento, el juicio crítico y el sistema de valores.
Explicó que en ese momento Rafael se encontraba en la segunda fase de la demencia –existen un total de tres — por lo que consideró que dos años antes, cuando otorgó los poderes a Antonia M.A, «probablemente su capacidad de raciocinio ya estaba mermada».
El hijo de Rafael declaró que conocía la relación existente entre Antonia y Rafael desde 2003, aunque negó que su padre le hubiera comentado su intención de darle los poderes para que pudiera vender la casa.
Indicó que se percató de la situación de la vivienda cuando fue a pagar un recibo de la contribución, al pensar que «había pasado algo porque no le había llegado», y que al personarse luego en la casa comprobó que la cerradura de la puerta había sido cambiada. Aseguró, asimismo, que cuando su padre se enteró de lo ocurrido –en esos momentos estaba ya ingresado en una residencia — «se deterioró de una forma muy rápida».
La hija de la acusada afirmó que su madre y Rafael mantenían una relación sentimental y que estaba al corriente de que el anciano le iba a entregar a su madre los poderes, lo que, dijo, fue idea del anciano, al que veía en «buenas condiciones».
Por su parte, los dos notarios que participaron en la concesión de los poderes a Antonia M.A.–septiembre de 2004– y la posterior compra de la casa por parte de ella misma — octubre de ese mismo año– reconocieron las transacciones e indicaron, en el caso del primero, que leyó de forma exhaustiva los efectos de la primera operación, y en el del segundo, que no vio al apoderante ese día, lo cual, dijo, no era necesario para llevar a cabo la compra por parte de la apoderada.
Para el fiscal, Antonio M.A. cometió los hechos abusando de la relación «íntima» que mantenía con Rafael, la cual, según dijo, ha quedado demostrada, y de los deterioros cognitivos de la víctima. Añadió que, aunque la acusada ha tratado de transmitir cierta incultura sabe leer y escribe con soltura.
De otro lado, el abogado de la defensa solicitó la libre absolución de la acusada argumentando que los dos notarios no se percataron de que el anciano tenía sus facultades mermadas y ante el hecho de que no consta un seguimiento médico de la demencia senil.
Consideró además que se trata de una disputa de una herencia entre la compañera sentimental de Rafael y su hijo –heredero universal–, considerando que es un problema más civil que penal y que los hechos podrían catalogarse como una apropiación indebida y no como una estafa.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí