Una exposición contra sí misma reúne una selección de obras realizadas por alumnos de la Facultad de Bellas Artes de Granada durante el año académico 2007-2008.
1) EN QUÉ CONSISTE, CÓMO SE ORGANIZA Y CUÁLES SON SUS OBJETIVOS
La Delegación de Cultura y Juventud de la Diputación de Granada establece, en colaboración con la Facultad de Bellas Artes de Granada, una convocatoria anual para organizar una exposición colectiva en una de las salas de la Red de Municipios. Su objetivo es dar salida a los proyectos artísticos llevados a cabo dentro del régimen interno de cursos y calificaciones propio del ámbito académico a través de los circuitos públicos de exhibición no universitarios.
Desde el punto de vista de los artistas debutantes, supone una toma de contacto con el marco expositivo estándar -el cubo blanco oficial- y una oportunidad de darse a conocer tanto en los círculos provinciales como nacionales, pues la exposición posee cierta difusión en las secciones culturales de los diarios y en la prensa especializada. En la selección, llevada a cabo por uno o varios técnicos de la Diputación de Granada, puede participar un crítico independiente que, posteriormente, se encargará de elegir el título y escribir el texto de presentación que acompañará la muestra. La selección de las obras se efectúa en virtud de criterios como la calidad y el interés, la coherencia y la relación con las prácticas contemporáneas; este sistema evaluativo es parecido al utilizado en los certámenes de artes plásticas actuales, y en realidad el resultado recuerda precisamente a esos lugares en los que hay muchos artistas jóvenes juntos y cuyo efecto más inmediato es un inevitable atomismo estético.
2) CÓMO ESCRIBIR SOBRE UN CONJUNTO RADICALMENTE HETEROGÉNEO SIN QUE EL DISCURSO EJERZA UNA VIOLENCIA INNECESARIA
Como el resto de instituciones, la crítica de arte tiene sus propias convenciones. Necesita definir ciertos objetivos comunes y regular los actos de sus miembros de acuerdo con estos, de tal manera que puedan reconocerse entre sí y diferenciarse del resto, sobre todo en lo que se refiere a competencias. Esta regulación no tiene la forma de un conjunto de reglas, sino que más bien posee ese aire poco cuestionable de las normas y los principios más bien tácitos y pragmáticos. En abstracto, la función principal de la crítica consiste en la elaboración del significado de las obras, y se lleva a cabo dentro de tres grandes «macroinstituciones «: el periodismo, el ensayo y la erudición académica, cada una de las cuales tienen sus propias «subinstituciones», tanto formales como oficiosas. De un modo más concreto, la crítica se sitúa en el ámbito público del debate abierto, marcado por las luchas culturales, como una fuerza más entre otras con sus intereses y sus propios conflictos internos.Producir una interpretación innovadora y convincente es la finalidad que la institución crítica le fija al intérprete. En una exposición como ésta, en la que los artistas no tienen casi nada en común excepto su condición de alumnos de la facultad de Bellas Artes, de manera que no existe una trayectoria que permita establecer regularidades comparadas, sino que las obras se presentan puntualmente aisladas -salvo aquellas que van acompañadas de un texto-, elaborar una presentación relativamente coherente es una tarea que no carece de ingenio. De ahí que los textos realizados en torno a esta muestra hayan utilizado diversas estrategias de aproximación; desde una apreciación sumaria de las obras a relatos funcionalmente integradores, los enfoques han variado notablemente en sus claves: se han centrado en los artistas, destacando tanto el carácter de iniciación que implica la propuesta como en la heterogeneidad misma de su composición; en las obras, a base de escuetas descripciones impresionistas; en la historia, a través una puesta en relación con los movimientos del arte último; en el tipo de exposición, mediante la comparación con los géneros habituales; o en sus condiciones de producción, es decir, en la conexión entre la gestión de las prácticas artísticas en el espacio público expositivo y la universidad. Tal diversidad de enfoques no parece relacionada tanto con la orientación crítica como con la exposición misma. Puede ser tomada como un síntoma de la búsqueda de novedad interpretativa, pero también como un intento de mediar entre las diferencias individuales y un principio unificador, y así evitar la incómoda dicotomía entre una comprensión global, que capta las obras demasiado indirectamente, y una actitud microscópica, incapaz de establecer una tesis.
3) «A GRANDES INTERVALOS, EN LA HISTORIA, EL MODO DE PERCEPCIÓN DE LAS SOCIEDADES HUMANAS SE TRANSFORMA AL MISMO TIEMPO QUE EL MODO DE EXISTENCIA» (Walter Benjamin)
En su libro El arte en estado gaseoso. El triunfo de la estética Yves Michaud, de un modo tan irónico como despiadadamente empírico, analiza una mutación y realiza el diagnóstico de un cambio de época. Con respecto a la obra de arte, dos procesos resultan fundamentales. Por un lado, la obra de arte pierde su dimensión estética específica y sus condiciones de definición, siendo sustituida por mecanismos que producen los mismos efectos. Por el otro, la expansión de la belleza a todos los ámbitos de la vida cotidiana restringe las competencias de las artes visuales. «Al mismo tiempo -escribe Michaud-, en el campo de la relación con las experiencias y el culto del arte, se observa la racionalización, la estandarización y la transformación de la experiencia estética en un producto cultural accesible y calibrado. Ésta es la verdad en la época, primero del tiempo libre, del turismo y de los programas de democratización cultural y, segundo, de la mediación cultural», y señala la nueva categoría temporal de la época: «cuando lo nuevo se vuelve tradición y hasta rutina … solamente queda el movimiento de renovación.
Lo nuevo pasa entonces del lado de la moda y de las tendencias, del lado del ritmo de la vida de los medios de información y de la industria de la diversión». Un esquema parecido podría seguir una genealogía de la crítica de arte. La consecuencia fundamental de estos procesos sobre la percepción consiste en una transición en el ámbito de la experiencia estética: de una actitud contemplativa se pasa a una «estética de la distracción» (el término es de W. Benjamin). Que este balance no posea los matices suficientes resulta evidente. Que, sin embargo, resulte fatalmente descriptivo tampoco parece cuestionable. Que la modernidad haya quedado superada parece una lectura demasiado pesimista, y que sea posible dejar de lado los movimientos oblicuos, demasiado apresurada.
Que el movimiento del arte tenga un mayor parecido con el salto del caballo en el ajedrez, según la metáfora de Víktor Shklovsky, es algo sobre lo que cabe interrogar a las nuevas generaciones -y exposiciones como éstas sirven para tomarles el pulso-, paradójicamente, a través de su vinculación con el pasado.F. Javier Sánchez

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