En su segunda visita al Parque de El Majuelo Iván Lins volvió a hacer asomar alguna banderas brasileras para que se sintiese como en casa. Nuestras importaciones habituales de aquel gran país son de futbolistas y músicos, y mientras uno de los primeros está en todos los telediarios porque se va, en Almuñécar se saludaba la llegada de Iván Lins agitando los colores verde-amarillos. Jazz en la Costa está organizado por El Área de Cultura de la Diputación provincial, el Ayuntamiento sexitano contando con la colaboración de la Junta de Andalucía y el patrocinio de Cervezas AlhambraPese a no formar parte de la cara más conocida de la música brasileña, Iván Lins puede considerarse sin lugar a dudas uno de los referentes del Olimpo de la bossa nova, que estos días cumple ya medio siglo de existencia, y también uno de los brasileños que más cobra de derechos de autor ya que sus canciones han tenido centenares de versiones, cosa, esta última, que él mismo recordó sin pudor en escena.
En esta gira que está realizando ha tenido dos compañeros ilustres, el primero el guitarrista Romero Lumbambo, también mano derecha de Dianne Reeves en su experiencia acústica «Strings Attached» del año pasado, y otra la bellísima Nnena Freelon, que también estuvo en Almuñécar cuando tenía quince años menos. Lumbambo no está en estos últimos conciertos de su tour, ocupando su espacio sonoro el guitarrista Leonardo Amuedo. Aunque la asociación con la Freelon arrancó en España por sugerencia de su manager americano común (a lo que el de Copacabana, siempre abierto a todo tipo de experiencias no puso objeciones) y el primer concierto juntos, sin ensayar, lo dieron en Peñíscola la semana pasada, a Jazz en la Costa llegaron afortunadamente con el guión más trabajado.
Tras su teclado eléctrico Iván Lins inauguro el concierto cantado con esa voz amable, cálida, y sensual que se asocia todo lo brasileño y un «Daquilo que eu sei» que sonaba a su más en calma. «Son canciones de mar» como él dijo, que monotemáticamente siguieron con «Velas icadas» y «Depois dos temporais». Ivan Lins navega desde hace años en un territorio limítrofe entre el pop, la música brasileña y jazz, y si en algunos países es considerado músico de jazz, en otros lo es como músico popular y hasta los hay donde su nombre suena a compositor de series de televisión, de las que ha hecho no pocas. A diferencia de su pasada visita, en esta ocasión su grupo sonaba menos comercial y con notable capacidad de desarrollo, como se puso a prueba en su «autoversión» de «Madalena» su mayo éxito con notable pulso jazzístico y swing, dando espacio a su teclista (Marco Brito), saxofonista (Marcelo Martins), y sobre todo al guitarrista Amuedo que si no lo tenía se lo buscaba por su cuenta. Como invitada, muy fugaz por cierto, estuvo la norteamericana Nnena Freelon, que con la excusa del medio siglo de la bosanova forma parte de la expedición del brasileño. Con una voz muy fresca y una maneras muy expresivas y sentidas, casi más bailarina que cantante, la Freelon se sumó la fiesta de Ipanema con unas apasionadas versiones de Jobim («Dindi» y «Love dance») y el «The island» que grabara Sting, en versión bilingúe, él en portugués y ella en inglés. Fue un momento especial de una noche que siguió por los derroteros cariocas con «Rei do carnaval» y «Evolution» en el tono suave y cadencioso del principio del concierto y un perfil de actuación estable y sin ningún sobresalto.
Hoy jueves llega el grupo de Richard Bona a Jazz en la Costa y mañana viernes la gran cantante de soul Bettye Lavette. Todos los años Jazz en la Costa suele traer a algún artista a descubrir por el aficionado. Este año el nombre del que todos hablarán una vez concluida la muestra será el de Bettye Lavette. Una excepcional vocalista de soul y blues de sesenta y dos años, a la que por fin se ha hecho justicia ya en este siglo.
Con apenas 16 años obtuvo su primer éxito en las listas americanas cantando la pieza My Man – He»s A Lovin» Man , después vendría una gira con James Brown y su canción más popular, Let Me Down Easy . Era 1965, cuando su prometedora carrera se desintegró en el momento en que su compañía Atlantic se negó a publicar su primer disco, Child of the Seventies , cuentan que para no hacer sombra a la estrella de la casa: Aretha Franklin.
Bettye había sido descubierta por la misma cazatalentos que lanzó a The Supremes, The Temptations y Wilson Pickett, la primera mujer productora de discos del mundo: Johnnie M. Mathews.Pero Lavette, a pesar de estar integrada en el prestigioso sello Atlantic como una de sus estrellas, diversas circunstancias personales le hacen abandonar dicha discográfica y, casi adolescente, sin rumbo fijo, y durante años, su voz se fue desperdiciando en circuitos menores, clubes europeos y musicales alimenticios, mientras era reivindicada tan sólo por los eruditos de la música negra.
A pesar de haber pasado por la Atlantic y la Motown, fue el coleccionista francés Gilles Petard quien reorientó su vida al tropezarse con aquel disco inédito y publicarlo en el año 2000. Petard logró resucitar a la diva a partir de su tercera grabación conjunta, el disco I»ve Got My Own Hell To Raise (2005), donde interpretaba canciones escritas por mujeres como Sinead O»Connor, Lucinda Williams, Joan Armatrading o Dolly Parton. Y ya definitivamente el año pasado con el imprescindible y esplendido The Scene Of The Crime , con premios como Mejor Álbum de Blues Soul y Mejor Vocalista de Blues Femenina, en el que la cantante se une al grupo de rock sureño Drive By Truckers para hacer suyas una decena de canciones de autores como Willie Nelson, Elton John, Ray Charles, John Hiatt, Frankie Miller o Don Henley, sacando de ese encuentro un deslumbrante partido al profundo metal escondido en su garganta, auténtico oro negro.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí