GRANADA, 20 (EUROPA PRESS)
La Audiencia Provincial de Granada ha condenado a 29 años y diez meses de cárcel al joven, de iniciales D.G.L y nacionalidad rumana, que asesinó a martillazos en noviembre de 2004 a un hombre de 61 años en su casa-cueva de Villanueva de las Torres (Granada) e intentó matar junto a otro compatriota a otro al que además robaron el coche.
Así, se le considera autor de un delito de asesinato con ensañamiento, otro de homicidio en grado de tentativa y dos delitos de robo con violencia, según consta en la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press.
La Sala considera probado que el procesado junto a otro ciudadano rumano, de iniciales M.L –declarado en rebeldía y a quien a esta resolución no afecta–, llegó a Villanueva de las Torres sobre las 13.00 horas del 4 de noviembre de 2004 y se presentaron en el domicilio de M.V.M., una casa-cueva. El ahora condenado lo conocía de una estancia anterior junto a su padre en la localidad con motivo d ela recogida de la aceituna, estancia en la que se habían alojado en una cueva próxima, propiedad del hermano de M.V.M.
M.V.M decidió entonces alojar en su casa a D.G.L. y su amigo. Dos días después el procesado salió del domicilio a comprar pan y después a la casa del hermano, A.V.M., para pedirle a éste las llaves donde había permanecido anteriormente con su padre. Allí se encontró con su esposa, quien le dio las llaves y le dijo que se quedase con su cuñado.
Una vez de regreso a la casa de M.V.M., en la que habían quedado éste y el otro ciudadano rumano, se inició una discusión «por motivos insuficientemente aclarados» en uno de los dormitorios de la vivienda. Durante el curso de la misma, golpearon violentamente a M.V.M. con una maceta de albañil –martillo de los usados para romper paredes–, «con el propósito de acabar con su vida y con consciente aumento del sufrimiento provocado».
Tras los primeros golpes que le hicieron caer al suelo rasgaron una camiseta y colocaron un trozo de su tela alrededor del cuello y cabeza de M.V.M. para mover su cuerpo, desplazándolo el condenado hasta un almacén contiguo, arrastre que dejó un reguero de sangre en el trayecto y que causó a M.V.M. varias fracturas.
MURIÓ A CONSECUENCIA DE LOS TRAUMATISMOS.
Ya en el suelo del citado almacén, le golpearon de nuevo, lo que produjo salpicaduras de sangre en unas garrafas de aceite allí guardadas. Fueron en total diez los martillazos propinados a M.V.M., cinco en la cabeza, otro en el cuello, tres en el tórax, y uno en el epigastrio. A consecuencia de los traumatismos murió M.V.M., de 61 años, casado y con cinco hijos, aunque separado desde hacía más de 20 años.
Posteriormente el otro ciudadano rumano y el procesado, que se cambió los pantalones de chándal que vestía al estar manchados de sangre y los dejó en el sofá, buscaron en la casa objetos de valor. Con ánimo de ilícito beneficio, se apoderaron de un bolso de viaje y una mochila en la que guardaron dos relojes.
Seguidamente, salieron de la casa-cueva y se dirigieron a la casa de A.V.M., donde encontraron de nuevo a su esposa, a la que D.G.L. pidió dinero. Ella le dio quince euros y le dijo que su esposo estaba en un bar de la localidad, al que se dirigieron y en el que tomaron con A.V.M. varias cervezas.
Sobre las 23.00 horas se dirigieron hacia una calle, donde observaron un turismo propiedad de J.M.P. y al que el acusado dijo «en tono conminatorio» que «se lo iba a llevar». Al responderle el propietario del vehículo que éste era suyo, D.G.L. y el otro ciudadano rumano le golpearon fuertemente con un objeto contundente, «con ánimo de acabar con su vida».
J.M.P. trató de escapar, pero fue alcanzado a pocos metros y golpeado de nuevo y agredido con un arma blanca, tras lo que dijo, como expresión de rendición, «ya os podéis llevar el coche», a lo que el procesado respondió «nos vamos a llevar el coche y además te vamos a matar», y siguieron golpeándole hasta que creyeron que había fallecido. Las lesiones sufridas por éste fueron de riesgo vital , de no haber mediado asistencia médica.
Tras abandonarlo en aquel estado D.G.L. y M.L. se fueron con el coche, si bien a unos tres kilómetros de Villanueva de las Torres el primero de ellos perdió el control, cayendo el vehículo por una pendiente, tras lo que lo abandonaron, dejando en su interior los objetos robados.
«SINGULAR CRUELDAD».
El tribunal considera que tanto el número de golpes propinados, como el objeto utilizado y la duración de la agresión «denotan una singular crueldad» en la ejecución del hecho destinada a someter a la víctima a «terribles padecimientos», a lo que concurre el agravante de enseñamiento.
Por otro lado, considera que la declaración en el plenario del acusado, de contenido «claramente autoexculpatorio», ya que dijo haber actuado atemorizado por las amenazas de M.L., incurrió en importantes contradicciones, por lo que queda en entredicho su testimonio.
De igual modo, la Sala no acoge la apreciación de la eximente de intoxicación por drogas y alcohol alegada por la defensa, ya que los testigos desmintieron que se encontrara ebrio o drogado cuando acudió al bar, después de matar a su víctima. La situación de miedo tampoco se considera acreditada, porque su conducta pone de manifiesto que pudo pedir auxilio o llamar a la Guardia Civil y no lo hizo.
El tribunal falla además que el condenado deberá indemnizar a cada uno de los hijos de M.V.M. con la cantidad de 20.000 euros, a su esposa con 15.000, y a J.M.P con 11.369 euros por las lesiones causadas y 15.000 más en concepto de secuelas.

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