GRANADA, 2 (EUROPA PRESS)
La exposición «Francisco Ayala. El escritor en su siglo», que revela las claves literarias y vitales del escritor centenario, finaliza mañana su estancia en el Hospital Real de Granada, para a continuación llegar a la Biblioteca Nacional de Madrid el día 21 de septiembre, donde se podrá visitar hasta el 12 de noviembre.
La muestra recorre la historia del intelectual granadino, dando cuenta de su biografía, su labor literaria, ensayística, así como de su significación histórica.
Organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), el Ayuntamiento de Granada, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y la Universidad de Granada (UGR), la exposición reúne cuadros de sus amigos pintores, fotografías, libros, objetos y documentos de época, buena parte de ellos inéditos.
Así, en las labores preparativas de la exposición aparecieron documentos desconocidos del autor, que van desde novelas cortas publicadas por Ayala en la prensa de los años 20, hasta documentos que tienen que ver con su carrera profesional como profesor universitario en la República, sus actividades en la Guerra o sus relaciones en el exilio.
El escritor granadino Francisco Ayala aseguró, durante la inauguración de la exposición, que «lo esencial de la personalidad del ser es la impronta creativa de los primeros años de vida», por lo que, según valoró, el tiempo que pasó en la capital granadina, desde su nacimiento hasta los 18 años de edad, es el que verdaderamente le ha forjado «por encima de cualquier otra experiencia vital».
Ayala agradeció «la abnegación» y la «capacidad de cariño, entrega e inteligencia», que el comisario de la exposición, Luis García Montero, derrochó en la puesta en marcha de la misma. Bajo el título de «Francisco Ayala. El escritor en su siglo», la muestra desvela las claves históricas y culturales de una vida que discurre a lo largo de todo el siglo XX.
Pero, según reiteró Ayala, sus primeros años en Granada son «los esenciales» de su trayectoria vital. De esta forma, la impresión de países, acontecimientos y personas que recibió, una vez que se marchó de la capital, son «superficiales en comparación con la primera etapa», según consideró.
«Cosa insólita es que, en el final de mi vida, me encuentre presenciando un recuerdo de algo que sucedió y del que fue protagonista un sujeto que vive hoy su posteridad. Un vejestorio que ya se reencontró con Granada hace tiempo, en su vejez. Y ustedes son los supervivientes», aseveró el intelectual.
De los años posteriores a su marcha de Granada recordó la «tristeza», el «decaimiento» y el «pesimismo, nunca definitivo», que sintió en los momentos en que vio peligrar su vida. Pero, al calificar como «atroz» el siglo XX, precisó que los méritos e injusticias «nunca se deben a colectividades», sino a personas.

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