GRANADA, 17 (EUROPA PRESS)

La tasa de mortalidad infantil en la provincia granadina era de las más altas de España a principios del siglo XX, según se desprende del estudio publicado por la Universidad ‘La travesía de la población granadina por el siglo XX. De los vaivenes a la modernización demográfica’ del profesor Juan López Doblas, donde se recoge la evolución de la población desde 1900 hasta la actualidad.

Según informó la institución académica a través de un comunicado remitido a Europa Press, de cada 1.000 nacimientos, 200 se convertían en defunciones antes de cumplir el primer año de vida en la Granada de principios de siglo. La mortalidad infantil se mantenía entonces más escasa en las provincias catalanas, así como en Teruel, Alicante y Madrid, frente al cuadrante noroeste de la península (con máximo en Orense), algunas provincias del sur (entre ellas Granada) y casos puntuales como los de Segovia o La Rioja, que padecía los niveles más altos, según se recoge en el libro.

Para Margarita Latiesa, catedrática de Estadística, Métodos y Técnicas de Investigación Social de la Universidad de Granada y directora de la tesis realizada por López Doblas, la sociedad occidental avanzada se caracterizó, ya a principios del siglo XXI, «por índices muy bajos de fecundidad, la elevación de la esperanza de vida para todas las edades hasta niveles que eran impensables en el pasado, la práctica erradicación de la mortalidad infantil, menores tasas de nupcialidad y el retraso en la edad en la que se contrae matrimonio», entre otras características.

El estudio también desvela que en torno a 1975, la mortalidad infantil relativamente más alta se localizaba en provincias pertenecientes, en su mayoría, a dos grandes áreas de la península: el oeste y el sur. Valores superiores al 20 por mil se daban en las cuatro gallegas –afirma López Doblas– gran parte de las de Castilla y León, algunas de Castilla-La Mancha, las dos extremeñas y, bajando al sur, Andalucía (excepto Sevilla), y Murcia.

La peor de las situaciones la padecía Ávila, con una tasa superior al 33 por mil, Palencia y Lugo (alrededor del 30 por mil), frente a zonas de mayor modernidad demográfica y menor sufrimiento poblacional con tasas inferiores al 17 por mil en la Comunidad Valenciana, Baleares, Madrid, Barcelona, así como en Zaragoza, Huesca y Cuenca, mientras que la población oscense tenía el privilegio de contar con el valor mínimo del país, el 11,81 por mil.

Los datos de 1980 recalcan el fortalecimiento de la atención dispensaba a la población infantil española. Todas las provincias, con la única excepción de Soria, habían conseguido disminuir la mortalidad de sus recién nacidos en un porcentaje más o menos elevado respecto a los niveles que conocían en 1975, e incluso, algunas como Salamanca, Segovia, Ávila, Guadalajara, Teruel, Cáceres y la propia Granada fueron las que más, ya que llegaron a reducir sus respectivas tasas durante este lustro hasta menos de la mitad.

Para el autor del libro, Juan López Doblas, «en la presente obra se habla de cambios fundamentales en la institución de la familia, de dificultades para la consolidación laboral de los jóvenes, del retraso de la edad del matrimonio, de la disminución de la natalidad y su creciente postergación, de la mejora de las condiciones de salud de las personas, del felicísimo éxito que ha supuesto la reducción a estados crónicos de enfermedades que resultaban fatales en el pasado», entre otras cosas.

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