GRANADA, 28 (EUROPA PRESS)

Los hombres en la Roma clásica demostraban su virilidad no sólo con las mujeres, sino también con los esclavos varones y con prostitutos, según un estudio sobre «Los homosexuales en el mundo antiguo», elaborado por el profesor de Historia Antigua de la Universidad de Granada, Francisco Salvador Ventura, en el que del mismo modo se constata la ilicitud de estas relaciones cuando se producían con ciudadanos romanos, informó la Universidad en un comunicado.

El trabajo se incluye en el libro «En Grecia y Roma: las gentes y sus cosas», con edición de los profesores Andrés Pociña y Jesús María García, que ha sido editado conjuntamente por la Universidad de Granada y la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

Según Salvador Ventura, se puede documentar desde fechas bastante tempranas la práctica de relaciones homoeróticas en la Roma republicana, «en las que la virilidad se identificaba indefectiblemente con la actividad».

El profesor cita estudios anteriores de Salles y Vayoneke, en los que «un romano identificaba su poder con su potencia viril demostrada no sólo con las mujeres, sino también con los esclavos varones propios, nunca ajenos, y con los prostitutos. Incluso se entendía que su expresión máxima se manifestaba en el sometimiento de varones, de individuos de su propio sexo».

La ilicitud de las relaciones homosexuales se presenta, sin embargo, cuando el sometido es un ciudadano romano. Según el profesor Salvador Ventura, también a los adolescentes se les consideraba como ciudadanos en potencia, «pero en Roma, a diferencia de lo que ocurría en el mundo griego, el énfasis se situaba en su carácter de futuros ciudadanos y no en el estado imperfecto, incompleto, transitorio, similar al de las mujeres».

Por tanto, para los romanos, durante la mayor parte del período republicano no se consideraba lícito tener relaciones con un joven ciudadano romano, lo que incluso estaba perseguido con sanciones legales.

Por el contrario, el lesbianismo era considerado por los romanos como una aberración. En este sentido, dice Salvador Ventura, que «fueron herederos directos de la tradición clásica griega, en la que la mujer que no era modelo de virtudes era una criatura desenfrenada, lujuriosa, incontrolable».

Pero no siempre hubo permisividad con la práctica homosexual en el mundo antiguo, según señala este estudio en el que se refleja que durante los últimos siglos del imperio se asiste a un proceso de creciente hostilidad hacia las prácticas homosexuales masculinas, como ya lo había habido contra la homosexualidad femenina.

Asegura el profesor que «el rechazo creciente se manifestó en primer lugar en la legislación imperial hacia la prostitución masculina, rechazo que se fue extendiendo progresivamente al resto de las parcelas homosexuales. La dureza de las penas fue in crescendo, pasando por la castración de travestidos e individuos pasivos, hasta llegar a la pena capital en los últimos tiempos».

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