Published On: Vie, May 8th, 2015

Ruta para empezar a conocer el Albaicín en dos horas

Todos los caminos empiezan con un primer paso. Por supuesto que el Albaicín granadino tiene infinitud de rincones y de historias y leyendas que dan para contar y no parar. Ni siquiera los que dicen saberlo todo sobre uno de los barrios más antiguos de Granada pueden conocer todos los detalles de sus placetas, fuentes y callejones y cuando ya crean saberlo todo, seguramente les contarán una leyenda sobre la que no habían oído hablar. Pero de alguna forma hay que empezar.

La ruta que proponemos a continuación sirve para tener una somera idea de lo que es el barrio del Albaicín sin  más pretensiones y sin entrar en ningún edificio/monumento/iglesia; sólo es un paseo para tener una primera impresión. Por supuesto le invitamos a que pruebe a entrar en cualquiera de los muchos bares que se encontrará a los largo de esta ruta y compruebe la oferta gastronómica que este barrio puede ofrecerle aprovechando para tomarse un descanso.

Ruta fácil por el Albaicín

La ruta arranca en Plaza Nueva. Cuando los Reyes Católicos terminaron la reconquista, dividieron España en dos mitades: al norte Valladolid y al sur, Granada para dar audiencia a sus súbditos en las reales chancillerías. La que preside Plaza Nueva y hoy es sede del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía es la audiencia de Granada.

Desde esta Plaza enfilamos la Carrera del Darro dejando a la derecha la iglesia de Santa Ana y nos recreamos en el Paseo de los Tristes. A nuestra derecha, el rio Darro y arriba la Alhambra. A nuestra izquierda numerosos conventos y casas nobles. Tenga cuidado porque se trata de una calle abierta al tráfico aunque parezca peatonal y no se oye venir a los taxis híbridos o eléctricos que pueden darle más de un susto.

Al final de la Carrera del Darro nos encontramos el Palacio de los Córdoba, hoy un activo centro cultural, cuyos jardines a los pies de la Alhambra son un auténtico placer a media mañana.

Aquí giramos a la izquierda y subimos la Cuesta del Chapiz que es tan inclinada como su propio nombre indica y seguimos subiendo hasta llegar a una plaza presidida por la Iglesia del Salvador, momento perfecto para comprar una botella de agua en la tiendecilla de la plaza y recuperar el resuello.

Doblamos por un callejón que hay junto a la iglesia y nos metemos por la calle Panaderos. Salvo por algunos negocios demasiado contemporáneos, esta calle le devolverá de golpe a la década de los cincuenta y le llevará a la Plaza Larga donde otrora debieron jugar muchos niños pero hoy sólo hay terrazas de bares.

En la esquina noroeste de la plaza se encuentra la Puerta de las Pesas, antigua entrada de la muralla que rodeaba a la ciudad y que hoy, tristemente, siempre está hecha una porquería por las pintadas con las que los granadinos ensucian sus propios monumentos.

Al atravesar la puerta, giramos hacia la izquierda y seguimos por una callejón que nos lleva al archifamoso Mirador de San Nicolás, aquél donde Bill Clinton dijo que Granada tenía una de las puestas de sol más bonitas del mundo. Probablemente sea verdad pero por la mañana, desde este mirador se enfrenta la Alhambra en todo su esplendor y corta la respiración. También es verdad que en los fines de semana hay tanta gente que a veces hay que esperar para poder acceder hasta el filo desde donde se hacen las fotos pero la espera vale la pena.

A partir de aquí le proponemos una aventura: intente volver al punto de partida, bajando hasta Plaza Nueva por los intrincados callejones del Albaicín con esta simple regla: hacia abajo y hacia la derecha. Déjese llevar y verá cómo le sorprenden callejuelas, placetas, miradores, fuentes, conventos…

Si le sorprende el mediodía en la zona, le recomendamos que busque el restaurante El Agua, dirigido por Juan Fontana y pruebe una de sus originales fondues mirando hacia la Alhambra aunque también comerá estupendamente en otros muchos restaurantes de la zona pero le recomendamos que haga una reserva con antelación si es fin de semana.

Una vez que haya hecho esta ruta podrá decir que se ha dado una vuelta por el Albaicín y sacar sus propias conclusiones pero tenga cuidado, muchos de los habitantes de este barrio empezaron así y luego volvieron un poquito y luego otro poquito y se empezaron a enamorar y acabaron viviendo entre sus callejuelas.

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