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Margarita Cansino es una de las residentes del Centro de Mayores “Cáxar de Granada”. La conocí a su llegada en mi época de prácticas de Geriatría (pero eso es otra historia). A ella me es imposible entrevistarla ya que prácticamente lleva todo el peso de la conversación y no para de interesarse por mi vida. José Manuel Rojas: ¿Margarita, sigues en la misma habitación? Margarita Cansino: Me cambié de planta porque yo quería tener un dormitorio para mi sola. Pago más pero tengo un pequeño estudio para mi. Estoy muy a gusto. JMR: Te veo mucho mejor que cuando entraste, ¿tú como te sientes? MC: Yo aquí estoy bien, sólo que tengo un año más. La boca ya sabes que no me deja tranquila, pero ya hago mi gimnasia (rehabilitación) e incluso participo en actividades. Tú sabes que yo he trabajado mucho toda mi vida y por eso no hago ni labores ni cosas así. Yo he venido aquí para descansar y sobre todo para leer. Todos los días a las 08:30h tengo en la recepción el ABC (de Madrid) y poquito a poco lo despacho. JMR: ¿Ha ido bien el verano? MC: El verano lo he pasado bien, saliendo y entrando con mis hijos. Leyendo y charlando con las compañeras. En estos momentos Delia, una de las auxiliares de clínica, le ofrece un zumo de melocotón. Margarita me comenta que todos los días a esa hora si hace buen tiempo se sale a la ventana del patio en la que estamos y observa como preparan el comedor. Pregunta por mi familia y sigue poniéndome al día de los cambios.
MC: Desde que te fuiste, hay muchísima más gente. Yo creo que unas 80 personas, cada uno a su manera. Aquí hay gente que con 103 años que tiene la cabeza perfectamente. Las personas mayores que comemos solas estamos en un comedor y a la gente que le tienen que darle de comer van a otro salón.Hablamos de más residentes como María Jesús, Gracia y Don Rafael. De los problemas de las “pérdidas de sillas” y de sus hijos (conozco a dos de ellos y los saludo desde aquí). Emocionada me cuenta: MC: Hará cosa de un mes me hicieron un homenaje todos mis hijos. Me llevaron engañá. Me dijo Fernando que me llevaba a su casa y que no sabía que había de comer, pero que como sabía lo que me gustan las papas a lo pobre y un huevo frito pues que en un momento lo preparabamos. MC: Al llegar, me encontré allí a mis cinco hijos. Me dió por llorar ,había gloria bendita. 3 jamones, dos cocidos en vino, vaya, gloria bendita. Yo pensaba en unas patatas a lo pobre con un huevo y me encuentro un banquete con un montón de gente. Al día siguiente fuimos a comer otra vez. Más residentes que pasean nos saludan, se nota que se ha ganado el cariño de sus compañeros y compañeras. Me dice con orgullo que conoce a todo el mundo. Refresca un poco y le ayudo a que se ponga la rebeca. Antes de despedirnos, me comenta que ha alquilado el garaje de su casa de Pedro Antonio de Alarcón. Me da dos besos, me recuerda que estoy más delgado y sigue leyendo el ABC.
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