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El sábado 20 en Planta Baja había una prueba de fuego para cinco músicos que tenían que demostrar a todos porque se ganan premios y se graban discos. Más de media sala esperaba a los granadinos Máscara. Su “Imaginarium” se vestía de largo y asomaba a una arena que no se les daba históricamente muy bien. Planta Baja impone a los músicos pero esta vez Máscara fueron los que impusieron al recinto.
La voz de Nöel atacó pronto y sobre todo, su ácido sentido del humor sobre el precio de las entradas. La opinión es unánime sobre la banda, te pueden gustar o no, pero ellos no paran de arriesgar, ya sea con guitarras flamencas u órganos de comunión en temas como “La técnica de Kaito”. Estar igualmente influenciados por Camarón que por Bola de Dragón es una forma de vida. Un espacio que los coloca al lado de gente como Sam 0 o Martín, gente que hace lo que le gusta sin miedo al espacio público.
Otra vuelta de tuerca con cinco verdugos de la monotonía, que los mismo se sientan a un piano que frente a instrumentos de percusión. Lo mismo homenajean al padre de Juanma, el batería, al que recuerdo en todos sus conciertos desde el principio, que suben a cinco amigos a tocar una timbalada para dejarnos a cuadros.
Yo salí del concierto en ese justo instante, cuando la timbalada estaba en todo su apogeo. Cuando la gente no sabía si aplaudir o irse. Ellos habían hecho el concierto que les dió la gana y simplemente eso les honra. Mantenerse en sus “trece” contra críticas y opiniones. Entre chicles, kikos y pitagoles ellos caminan libremente. De la mediocridad ya hay muchos defensores.
JMRojas www.granadaenlared.com
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