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Bordón de trapo


El José Tamayo presentaba un aspecto pobre para ver a uno de los mejores guitarristas que ha dado Granada en los últimos años. Sin llegar a los cuarenta, Miguel Ángel Cortés ocupa un espacio más allá de la guitarra de acompañamiento con la que acurruca cada cante de Arcángel o del cantaor que tenga la suerte de compartir escenario con este atleta de las seis cuerdas.

Ayer Miguel Ángel volvía a su casa como bien le recordaba un sector del público. Un hogar que abandonó muy joven para marcharse a “crecer” a Sevilla y madurar por todo el mundo a base de recitales, creaciones y recreaciones. Llenos por todo el globo que contrastan con los pocos aficionados y amigos que pudimos disfrutar de su “Bordón de trapo”.

¿Dónde estaban los flamencólogos que se rinden en genuflexiones a las mismas estrellas actuación tras actuación? ¿Dónde estaban todos los músicos de la tierra que tanto le deben a Miguel Ángel? Yo me hago estas preguntas en estas líneas pero él, un hombre que dice no saber hablar, lo expresó anoche a la perfección: “Esto solamente podía pasar aquí”.

Si grande estuvo en las pocas frases que pronunció, gigante tocando la guitarra durante más de hora y media. Sin acompañamiento vocal pero bien resguardado por su “compadre” Daniel Méndez y Joselito Carrasco a la percusión.

Por granaínas simplemente hizo lo que quiso, las enmascaró de bulerías y las disfrazó con “picaos y contrapicaos” a una velocidad de ensueño para terminar reposando en unos arpegios de dulzura. La tradición llegó con las alegrías y la heterodoxia con las piezas en las que Daniel Méndez sacó su mandola. El guitarrista de Morón va para grande, pero con este instrumento aún tiene que definir los tiempos y el compás, el ir y venir entre protagonista y secundario a veces perdía a la percusión y al público. Una mancha demasiado ínfima para emborronar demasiado duende.

Si hablamos de recursos innovadores el slide (técnica de guitarra eléctrica) que el maestro se marcó con sus propias manos fue un escándalo. Sufría el frío para la afinación aunque la sexta cuerda no se le resistió por seguiriyas, solo en el escenario pero con el conocimiento suficiente para doblarse y redoblarse en minutos que parecían segundos por la magia de paso.

Para terminar “tangos de Graná”, ritmos de las Zambras donde muchos artistas nacen pero donde también muchos se estacan entre una vida repetitiva de turistas y falta de proyección. Cortés dió el paso y ya no puede parar. Esperemos que noches de temperaturas bajas, dentro y fuera de la sala, no eviten visitas como la del lunes.

JMRojas www.granadaenlared.com



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