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El alba del último día
El penúltimo espectáculo del ciclo “Flamenco Viene del Sur” traía a Granada a Andrés Marín, uno de los pocos bailaores que teniendo un estilo inimitable y modernista recoge piropos de todos los sectores del gremio. Ya en “Trilogía” se la jugó como un adivino en busca de los nuevos caminos del arte. Ahora sigue innovando con todo el poder que da conocer el cante y tener un total dominio del baile atemporal.
En su espectáculo “El alba del último día” recoge la muerte de tres cafés cantantes en los inicios de la guerra civil española. El decorado contrarresta con las proyecciones; mientras sus acompañantes juegan al “kiriki” en una pantalla vemos como el Café Suizo(Granada) se ha convertido en un templo de comida rápida o el Chinitas(Málaga) ha pasado a ser negocio de precios caros que engulle a turistas y curiosos.
Andrés Marín no necesita ningún tipo de acompañamiento para comenzar su espectáculo, contesta al sonido de los dados con su taconeo y el eco de sus campanillas. El silencio se apodera de la sala y sobre todo el asombro de algunos curiosos que no esperaban un estilo que puede gustar más o menos pero que es innovador y digno de la más ferviente admiración.
Los cantaores tienen su momento y lo aprovechan. José Valencia canta gitano haciendo que duela cada una de sus frases; Segundo Falcón reinventa los cantes de Juan Breva pasando del susurro al quejío con una naturalidad que emociona y arranca las primeras palmas contundentes de la noche. Los cantaores, sentados frente a frente, reciben su justo premio al entonar, mano a mano y pisándose los tercios una malagueña de ensueño.
Del desconocimiento que muchos tenían sobre a Andrés Marín se pasa a la admiración en treinta minutos: el sevillano se sube a una tarima metálica y arma un revuelo donde lo de antes y lo de ahora no pueden separarse. El tejido teórico de su espectáculo es a veces difícil de seguir, sobre todo mientras que juguetea con las sombras y aparece proyectado en un traje de torero bailando en posición invertida.
Antonio Coronel saca preciosos sonidos de botellas de vino antes de pasar a una batería que marca el ocaso de los conflictos y el escenario. El sonido enmarca la libertad recuperada después de tiempos oscuros, los cantaores marchan sonriendo y Andrés sale para hacer de nuevo lo que siente en ese momento. El piano lo precede majestuoso, después Marín baila y acaba mirando a la pantalla. Los tiempos no son ya tan malos.
Más de doscientas personas aplaudieron con cierto pudor entonces. Nadie se levantó de su asiento. A la vuelta en el bus los más de cincuenta jóvenes americanos graznaban en inglés sobre lo visto. Pocos habían entendido algo, pero una chica al verme escribiendo me dijo que el flamenco era estético y dinámico.
Los tiempos no son tan malos.
JMRojas www.granadaenlared.com
Inicio |
Programa |
Presentación del festival |
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Miguel Poveda |
José Mercé |
Antonio Canales |
Arcángel |
Antonio El Pipa |
Pitingo y Los Habichuela |
Miguel Poveda |
Miguel Ángel Cortés |
Andrés Marín |
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